II: Prácticas y lecciones

3418 Palabras
Capítulo uno Un mes más. Tenía que soportar un mes más, no importa qué, pero lograría terminar el noveno curso sin ser expulsada por tercera vez en ese año de una escuela. Ha sido expulsada de once escuelas y la única razón por la que sigue siendo recibida, es por su padre, un gran ejecutivo y por sus altas calificaciones, extrañamente, en la clase de latín y griego. Regresando a la escuela de Maspeth, Derecca se sentía eufórica, tenía ya a la vista el logro más grande de su vida. Sólo tenía que soportar un mes más con esos salvajes y pomposos estudiantes de la escuela. Derecca no se había sentido así en mucho tiempo; siempre había estado muy apresurada durante todo el año porque su madre le había dicho que si no aprobaba ese año, ella tendría que estudiar en una escuela pública, que muy seguramente era peor de a la que iba. ¿Pero qué culpa tenía ella de tener problemas de compresión? ¿Ser disléxica? ¿Tener déficit de atención? Ella no tenía la culpa de ser un ser humano defectuoso. Y jamás aceptaría eso. —Derecca, estamos por llegar a la escuela, no olvides que tienes que terminar el año sin ser expulsada por lo menos esta vez, cielo —dijo su mamá mientras conducía. —Sí, lo sé. Su mamá giro en un esquina, y el auto comenzó a acercarse a la escuela. —Eres una gran niña, Derecca, siempre confía en lo que puedes lograr si te lo propones —le aconsejó su mamá con afecto en sus palabras. En esa ocasión giro su cabeza para mirarla un poco cansada, porque ya no soportaba las esperanzas y expectativas que su progenitora albergaba hacia ella. ¿Qué pasa si volvía a fallarle? Ya lo ha hecho durante muchos años, no comprendía como su madre seguía con el mismo optimismo que cuando la llevaba a la otra escuela donde fue expulsada. —Claro que tienes que decir eso, soy tú hija —remilgó, apartando sus ojos grises de los contrarios. Quería creer que en verdad su mamá confiaba en ella, para al menos así esforzarse un poco más en no ser expulsada por su inadaptación. Su mamá sonrió y se le formó un hermoso surco en la mejilla derecha, ella tenia una hermosa sonrisa, le gustaba verla sonreír. —No lo digo por eso. Lo digo porque yo sé que tu no eres una conformista: eres una luchadora. La luchadora que tanto amamos en casa. Esa era una de las cosas que la hacían amar a su madre: siempre le levantaba el ánimo. Su papá también, pero el era más de la valentía y tenacidad, y eso se lo había contagiado a Derecca. Sus padres eran lo máximo, cada uno tenia algo que hacia querer a Derecca ser como ellos. Ella miro al frente de nuevo y se sorprendió al ver lo rápido que habían llegado al colegio. Habían muchos autos y niños en la entrada, porque hoy todos los estudiantes regresaban a la escuela después de las vacaciones de pascua. Seguramente muchos de ellos pensaban en las maniatadas que podrían hacer. Uh, al menos su siempre mejor amiga estaría allí para ella. Derecca siempre se pregunto cómo y porqué Adeline conseguía seguirla a cada nueva escuela luego de ser expulsada. También se preguntaba qué pensarían sus padres, seguro la detestaban. Su mamá estacionó el auto (que era un mustang bastante bien conservado color amarillo canario) detrás de un todopoderoso sub n***o, y la miro. —Es hora de irse, cielo —murmuró con cierto tono triste. Derecca sintió una opresión en el pecho. Aunque ella deseaba terminar la escuela, le costaba despedirse de su madre. Su padre y su hermano habían ido con la abuela porque al parecer ella se sentía muy mal, pero a quien más aprecia es a su madre, aunque pueda parecer egoísta. —Te voy a extrañar —susurro Derecca. América alzó una mano y le acarició la mejilla con amor. Sus ojos chispeaban con dulzura. —Yo también, mi niña —luego de unos segundos, añadió—: Prométeme algo. Derecca la miro con firmeza. —Lo que sea. Su madre le sonrió con una de esas sonrisas dulces y cariñosas, como amaba esas sonrisas. Le hacían pensar que nada podía salir mal, que todo estaría bien. —Pase lo que pase, confiarás en quien tu corazón te diga, y pase lo que pase, volverás a mi —susurro su madre. Derecca se sorprendió, ¿A qué se refería con “volverás a mi”? Decidió no preguntar, confiaba en ella por sobre todas las cosas. —Lo prometo —murmuro en respuesta para después lanzarse a los brazos de su madre y enterrar la cara en el hueco de su cuello, sólo con su familia y Adeline se mostraba tan cariñosa. Su mamá acariciaba su cabello y le daba besos en la cabeza. —Te amaré toda mi vida —susurro América, para que Derecca no la escuchara y comenzara a hacer preguntas. Ella sabia que su hija haría lo correcto. ✻ ✻ ✻ Narración: Derecca Comencé a acomodar mi ropa en los armarios, quería terminar rápido para así poder reunirme con Adeline. Pero antes de que pusiera un vestido con estampado de flores en una hombrera donde colgaban otros vestidos, la puerta de mí habitación se abrió bruscamente. —¡Dere! —grito Adeline. Me gire para verla e inmediatamente corrí hacia ella, Adeline alzó los brazos y nos abrazamos. —¿Y eso qué has venido a verme? —pregunte después de separarnos. Entrecerré los ojos con sospecha. —Ya sabes que yo no soy muy paciente, Dere —dijo a modo de respuesta. Suspiré. Aquello era cierto. —Por desgracia, sí. Ella comenzó a dar saltitos de emoción, la mire con una ceja alzada ante su acción infantil. Algo muy malo sucedía cuando se ponía así, eso seguro. —Este último mes de escuela será muy divertido —chilló en respuesta a mi silenciosa pregunta. —¿Ah, si? —respondí como quien no quiere la cosa. —¡Sí! ¿Es que no has visto el anuncio en la vitrina de noticias? ¡Vendrán unos chicos de la escuela secundaria de Nueva Jersey, a jugar un partido de voleibol! —gritó Adeline. Yo abrí los ojos como platos. No era muy común que eso pasara, siempre eran partidos con escuelas cercanas. —¿Estás de broma? —pregunte, y ahora la emocionada era yo. Ella dio vueltas a mi alrededor, con una expresión de sospechoso misterio. Hum. —Sabes que no. Te lo digo en serio, y tú y yo jugaremos —revelo con tranquilidad. —¿QUÉ? —exclamé. Ella siempre nos metía en cosas sin que yo estuviera advertida, me desesperaba no saber cual seria la siguiente sorpresa. Y también me encantaba lo divertida que hacía mi vida. Ella dejo de dar vueltas y me miró con una sonrisa burlona. Odiaba esa sonrisa, porque eso significaban cosas malas para mi. —Nos inscribí en el torneo, y no puedes cancelarlo —canturreó. —¿QUE HICISTE QUÉ? —grite de nuevo, dramatizando. Ella asintió con la cabeza repetidas veces, afirmando mi sentencia de muerte. —Es hora de hacer algo divertido —se quejó—. Además, ¿No tendrás miedo, o sí? Ella sabía que mi orgullo era mi punto débil, lo estaba usando en contra mía. La fulmine con una dura mirada. —Claro que no, pero debiste consultarme primero. —Oh, por favor, tu sabes que yo hago y luego pregunto. —Ajá, y cómo ya sabes que siempre me las pagas, termina de acomodar mi ropa —le dije mientras me tumbaba de espaldas en la mullida cama de flores. Ade rodó los ojos. —Por lo menos no fue como la otra vez —murmuró mientras comenzaba a doblar un pantalón de lino verde—. Me hiciste hacerte masajes en los pies después de usar los asquerosos calcetines de tu hermanito pequeño. Sonreí, poniendo mis brazos debajo de mi cabeza para estar más cómoda, observándola hacer mis deberes. —Oh, este es sólo el principio —musité, suspirando de gusto. —¿Al menos habrán chicos? Tapé mi rostro con las manos, avergonzada. Luego me levanté rápidamente de la cama, cuál gato. —No. Ade se tiró en mi cama dramáticamente. —Eres tan aburrida. —¿En serio? Já, gracias por notarlo. Mira, los chicos son... Estúpidos. Bueno, al menos todos los que hemos conocido. No creo que ninguno llegue a ganarse un poquito de mi atención —afirmé con seguridad, metiendo mi ropa en los cajones. Escuché su risa, y murmuró algo en voz tan baja que no escuché. —¿Qué dijiste? —volteé tan deprisa que todo me dió vueltas. Pero ahí estaba, esa sonrisa ladeada que tenía, como si supiera algo que yo no. —Oh, nada. Solo digo que quizás sí exista un chico para ti. ¿Para todas, no? —luego, se puso a doblar ropa conmigo obedientemente y no dijo nada más. ¿Un chico para mí? ¡Ay, sí, claro! ━─━────༺༻────━─━ Capítulo dos Aunque Derecca no quisiera aceptarlo, estaba muy emocionada por competir con los del equipo de voleibol de Nueva Jersey, ella y Adeline pasaban horas practicando claro, siempre y cuando fuera antes del toque de queda y sin infringir ninguna regla. El director de la escuela, un hombre bajo, gordo y de cabellos grises, les daba permiso de entrenar fuera del gimnasio, porque el también quería ganar ese torneo, después de tres años de haber perdido, el y los demás maestros quería ganarles a los de Nueva Jersey, y por fin obtener el balón de plata para la escuela. Todo estaba lleno de emoción y en los pasillos era de lo único de lo que se hablaba, hasta que llegaron los famosos exámenes finales, justo a tres días antes del torneo, lo que quiere decir que desde que Derecca había regresado, habían pasado ya tres semanas, ella esta que rebotaba de emoción, porque tenía la esperanza de que una semana después, termine su noveno año y no haber sido expulsada. Si lo logra, habrá interrumpido su fama en otras escuelas por haber sido expulsada de sus dos antiguos colegios, en el octavo curso. Pero lo que más la emocionaba era que volvería con su familia, y probablemente ya no tendría que estudiar en ningún internado y volvería a su vida normal. Ella y Adeline estudiaban mucho, querían sacar ambas buenas calificaciones e ir a la misma secuela a estudiar el décimo grado. Siempre que pensaban en la posibilidad de no acabar juntas en la misma escuela era una idea demasiado aterradora. ¿Qué harían la una sin la otra? Era como un mundo sin luz o un sándwich sin aderezo, las cosas no serian iguales, e ir a la escuela no seria mas fácil. Por lo que debían ambas de sacar buenas calificaciones y así poder tener la oportunidad de escoger, de preferencia arriba de 8 y estarían a salvo. Así que, cuando estaban estudiando para la clase de latín y Adeline le pregunto como se pronunciaba el nombre del dios Asclepio, ella se sobresalto: no había estado prestando atención. Lo único que pensaba era en el torneo y en terminar la escuela juntas. —¿Dere? —pregunto Ade—. ¿Estás escuchando? Derecca parpadeó. —¿Huh? —su hiperactividad le hace que su atención en algo por mucho tiempo, se vaya fácilmente. Adeline rodó los ojos y la miro con exasperación. —De acuerdo, yo también quiero terminar las clases pero, si no estudias, no terminas la escuela. Punto —le dijo adivinando sus pensamientos con una nota de irritación. —¡Pero si lo único que estudiamos es para la clase de latín! —la acusó Derecca. No era que odiara eso, pero también tenían otras materias que requerían de su atención. ¿De qué les serviría latín en la vida? No es que ser maestra de esa materia entrara en sus metas de vida, al menos no gracias a su dislexia. En lugar de enseñar, los alumnos le enseñarían a ella, eso era algo triste de pensar. Adeline la miro con paciencia. —Algún día me lo agradecerás, creelo. Derecca se levantó, camino un poco y se dejó caer en el sofá de la sala común, frente a la crepitante chimenea. No soportaba que ella le dijera eso, como si Derecca fuera la que no entendía las cosas. Es sólo que latín no era su prioridad, ¿Qué tal álgebra? Era malísima en esa, eso si requería su atención. —No puedo esperar para que eso pase —refunfuño Derecca. Pero para Adeline, esas palabras tenían otro significado, y susurro para sí misma: —Dioses, ella no sabe lo que dice. Adeline, sin darse por vencida, se reunió con Derecca y se sentó a lado. Se sintió un poco mal por poner así a su mejor amiga, sabía que debía dejar de ser tan dura y ayudarla a entender exactamente porque era importante aprendes todos esos nombres y mitos. Pero por ahora podía concentrase en cosas más sencillas. —Si me respondes correctamente tres preguntas, lo dejo por la paz —dijo tratando de convencerla. Derecca se lo pensó un poco y luego asintió. —De acuerdo. Sólo sí son fáciles. Adeline suspiro de alivio y sonrió. Listo, ella era consciente de que Dere siempre aceptaba un reto, eso hacia mas fáciles las cosas para las dos. —Bien... Veamos..., ¡Ah, ya sé! —exclamó, y mentalmente se dio unas palmaditas en la espalda—: Menciona a los Tres Grandes, sus poderes y su representación. Derecca abrió los ojos como platos, aquello era demasiado, pero su orgullo más, así que trato de pensar antes de responder: —Eh, ¿Zeus, Hades y Poción...? ¡No! Poseidón, si, así es —respondió la primera pregunta. Adeline trato de contener la risa y parecer sería. —Poderes. Derecca se vengaría, algún día, eventualmente. —Zeus es... ¿el dios de los cielos? —Adeline asintió— Entonces... Hades era el dios del inmundo... ¡Inframundo! —Adeline volvió ha asentir. Derecca prosiguió—, pocio... Poseidón era el dios de los mates... Eh, mares. Adeline quería reír desesperadamente, y pensó: «¿Qué tiene Derecca encontra de Poseidón?» —Representaciones —dijo Adeline. Derecca quería terminar con esto, así que respondió con voz firme: —La representación de Zeus es el rayo por ser el dios del trueno, la de Hades es la guadaña por el ser el dios del Inframundo y la de poseidón es el trinche...perdón, tridente porque es el arma que usa para controlar los mares. —Me parece suficiente y muy bien —la alabó Adeline. Derecca suspiro y dejo caer cabeza en el hombro de su amiga. —Maldita —espetó. Ade se rió. —Me amas, lo sabes. En tu retorcido interior me amas. —Eh, bueno así... Siento algo en la garganta cuando me ayudas con algo. La contraria sonrió esperanzada. —Es agradecimiento. —No, creo que es vómito —musitó burlonamente Derecca. Adeline bufo siguiéndole el rollo. —Somos mejores amigas, Derecca, y aunque trates de aparentar, sé que tu me quieres mucho, porque tenemos muchas cosas en común y hemos estado juntas en las ocasiones más estúpidas que hayan existido. No necesito que me lo digas; lo sé, porque eres como la hermana que siempre quise. Derecca sonrió de verdad. —Claro que te quiero, ¿cómo no hacerlo cuando eres mi compañera en mis rebeldías? Ja ja, quita esa cara, Ade. Ambas se echaron a reír ante esa mención, y levantándose del sofá, se encaminaron hacia su habitación compartida, felices porque se tenían la una a la otra para enfrentar cualquier problema. Incluso a unas furias. ✻ ✻ ✻ —Se supone que debemos ponernos esto? —preguntó Derecca a Adeline al ver el uniforme de voleibol: Un short deportivo n***o, un top morado fosforescente y unos converse negros—. No es por nada, pero esto es muy... Revelador. ¿No te parece? Por si lo dudan, fueron un infierno los exámenes; sienten que reprobaron al menos, tres o cuatro. Adeline se río con ganas. —¡Para nada! Esto nos hará ver sexis —le guiño un ojo—. ¿No quieres verte sexi? La contraria se ruborizó. —Ah, sí, claro que si. Pero, eh... No lo sé, somos muy jóvenes para pensar en vernos sexis. Uso ropa sexi, sí, pero no creo que en un torneo contra chicos, donde saltamos y todo, tengamos la necesidad de vernos así. Hay que tener pudor. —Tenemos dieciséis años: somos atractivas, inteligentes, divertidas. ¿Por qué no sexis? Además, en un mes más cumpliremos diecisiete, ¿no crees que las chicas de nuestra edad deberían preocuparse por ello? —pregunto. Suspiro. —De acuerdo, me lo pondré —aceptó a regañadientes. Adeline sonrió con verdaderas ganas, le encantaba ganar en algo. —Además, esa ropa es muy buena para ocasiones urgentes —añadió sugerentemente. Derecca rodó los ojos. —¿Quieres dejar de hablar de chicos? ¡Ninguno nos voltea a ver ni por accidente! —Pero el indicado, cariño, te mirará. Es probable que lo sientas en tu corazón. —¿Qué? —Ahora sí estaba confundida. —El chico indicado, el chico destinado a ser tu compañero, cuando te mire, lo sentirás. La conexión —aseguró. Alzó las cejas y palmeó el hombro de Ade. —Bueno, chica lista, quizás deberías dejar de leer esos libros raritos. El amor no se puede... No se puede saber quién es el indicado solo con una mirada, ¡no existirían los divorcios! —exclamó. Pero ella solamente sonrió toda enigmática, y no dijo nada. A veces, cuando estaba actuando misteriosa, a Derecca le daba escalofríos, y esa mirada de saber algo que ella no... «¿Qué dominios? ¡Es Adeline! No hay nada raro, solo estoy viendo cosas en donde no», pensó con firmeza. Luego de aquella corta discusión, se dirigieron a los cambiadores con las demás chicas del salón, quiénes ciertamente se tomaban en serio lo de «verse sexis». —¡Te ves muy linda! —chilló Adeline. Ella se empeño en vestirse sola, quién sabría porque, al perecer es tímida. Aunque con esas actitudes rebeldes… Adeline, las demás chicas y Derecca ya estaban preparadas para enfrentarse a los chicos de Nueva Jersey. Uh, las lenguas decían que eran los mejores del ciclo, dado que le habían ganado a los de Dakota del sur. ¿Sinceramente? Derecca pensaba que eran puros rollos. —Ahí vienen —susurro Meredith, una chica del salón de al lado, era menuda y tímida. Volteó a mirar la puerta de entrada del gimnasio, y justo venían entrando los chicos de Nueva Jersey, parecían tener quince años, y todos tenían una expresión de desagrado o de haberse tragado un ratón. Pero eso no les quitaba lo guapos. Tenían a su alrededor una especie de «encanto» extraño, que hacía no poder apartar la mirada. «¿Qué? ¿Desde cuándo no puedo dejar de mirar chicos? ¡Reacciona!», se regañó así misma, todo era muy raro... —¡A sus posiciones! —gritó el entrenador Cowell, un tipo entrado en los cincuenta que por supuesto no hacía ejercicio. Todos se pusieron en sus respectivos lugares, quedando Derecca como delantera. No le gustaba la idea de ser propensa a un balonazo. —¡Que inicie el juego! —exclamó el entrenador. Entonces luego de esto fue a su asiento, para ponerse a leer algo. La pelota fue enviada a gran velocidad por el otro equipo, directo hacia la pelinegra. Junto las manos, impulso las manos hacia fuera, y paró el balón. El balón se elevó unos centímetros, y lo mando al equipo contrario con la palma de la mano. Nadie logro pararlo. —¡Bien hecho! —la felicito Adeline. Y la buena racha les iba a durar tan poco, como siempre. Siguieron jugando durante un largo rato, y justo cuando el partido estaba por terminar, el balón le pega en la cabeza y la tira al suelo del gimnasio. —¡Derecca! —exclamó Adeline. A ésta le dolía la cabeza y su vista estaba borrosa. Era como estar borracha, no es que lo haya estado, pero pensaba que así se sentía. Trato de levantarse, pero sus piernas estaban demasiado temblorosas como para sostenerla, así que se cayó de pompas. Respiro hondo, Adeline se acerco y le tendió su brazo, espero unos segundos y rogó que todo vuelva a la normalidad. —Estoy b-bien, no te preocupes —musitó de forma poco clara. Sentía que todo a su alrededor daba vueltas, mientras Adeline trataba en vano de acercarse a ella, pero los chicos le bloqueaban el paso con sus corpulentos cuerpos. Pensó que todo estaría bien en unos segundos que se hubiera recobrado… Pero todo se puso loco; en serio loco. ¿Era posible soñar despierta? ¡Esas cosas no deberían ser de éste mundo! ¡Ya sabía que esas caras bonitas no podían traer nada bueno!
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