Milagros. Al abrir la puerta me encuentro con el par de chusmas agazapados escuchando, elevo una ceja. —¿Es en serio? —cuestiono. —Queríamos saber si cedías —se defiende Renzo —. ¿Y...?. —¿Y qué?, si escucharon todo. —Y, ¿cómo te sientes al respecto? —inhalo oxígeno y lo retengo en mis pulmones por unos segundos. —Lo extraño mucho chicos —mis ojos se llenan de lágrimas, por fin puedo largar lo que siento hace días, es cierto, lo extraño tanto que duele, estos días sin él siento una angustia terrible y no sé si era mí estado físico, pero el vacío y frío era horrible, me había hecho tan dependiente a él, en realidad siempre lo fui, pero ahora lo sentía más intenso, es difícil de explicar, y me sentía terrible, muy triste, prefería mil veces enfermarme pero que él esté a mí lado, cómo c

