Sebastián sentía que Rebeca lo estaba tomando del pelo. Se sentía humillado, burlado y en ridículo. Él negó con su cabeza, era claro que esto era una muy mala idea. Él se giró en sus talones para salir de allí y buscar una solución de verdad a sus problemas.
—No puedo creer que te importe tan poco tu hermana, me imagino que al final no es tan importante lo que tiene, que no te importa mucho su gravedad —ella dice, con una sonrisa en sus labios.
Rebeca no está acostumbrada a recibir un no y más cuando algo así entraba en su cabeza. Ella lo miró de arriba a abajo, no podía desaprovechar una oportunidad así, él tendría la humillación que merecía.
Sebastián solo podía pensar en que no tenía otra salida, ¿Quién le podría prestar esa cantidad de dinero? Sebastián no estaba trabajando, estaba viviendo de ahorros y todos los gastos del hospital y los suyos; la verdad era que ya se había agotado con la existencia de los ahorros que él tenía, como todo, el dinero también se acaba.
Sebastián tenía muy poca cantidad de dinero, de lo que más estaba seguro era que primero estaba su hermana, era lo que hacía que él dudara en lo que debía hacer para poder brindar tal ayuda tan importante para aquel ser querido, en este preciso momento Sebastián se estaba debatiendo, dejando a un lado lo correcto y centrarse en lo que debía hacer.
Sebastián tenía muy claro que significa hacer lo correcto con su vida, pero esto era lo que simplemente estaba alejado de lo que él creía que estaba bien, sin contar que era completamente increíble. Sebastián tenía claro que esto que estaba haciendo Rebeca solo era para ponerlo en ridículo.
Luego de que Sebastián tuviera unos cuantos segundos pensando, se dio cuenta que no tenía otra alternativa. Estaba claro que si él hacía lo que en verdad le decía su cabeza y su corazón podrían traer terribles consecuencias, en estos momentos daría media vuelta y seguiría sin mirar atrás; no obstante, la realidad es otra, si él en este preciso momento decida dejar las cosas así e irse posiblemente su hermana puede morir por la falta de medicamentos.
Lo peor era que la atención que recibía en ese lugar no era nada adecuada de eso estaba más que seguro. Sebastián maldijo la situación que estaba pasando en este preciso momento, porque los culpables seguían por allí, viviendo su vida como si nada.
Él estaba completamente seguro que jamás se perdonaría donde a su hermana le llegara a pasar algo por su culpa, ella estaba debatiéndose en cuidados intensivos, se encontraba entre la vida y la muerte y no podía esperar más para poder ayudarla.
—Está bien, acepto eso, por lo que veo no tengo otra opción —comenta él con frialdad y decepción.
Él estaba con la incertidumbre, ¿Qué era exactamente lo que ella quería de él?
—Perfecto, te voy a dar un consejo… hay que tener la mente abierta para poder cumplir con tus objetivos.
Rebeca camino moviendo sutilmente sus caderas, para cerrar con seguro la puerta. Igualmente por la hora, eran pocos los empleados que quedaban en ese lugar.
Ella se sentó, cruzó sus piernas y espero que él empezara.
Sebastián miró a los lados, comenzó por soltar su camisa, quería hacerlo lo más rápido posible para salir de esto de una vez por todas. Ella se pone de pie para luego acercar el rostro de él, el acercamiento fue tanto que podía sentir su cálido aliento.
—Hazlo más lento, es la única manera en la que voy a comprobar que tan confiable eres —Sebastián posa su mirada en los finos labios de ella, pasa saliva y le indica que se siente.
Luego de que ella vuelve a su lugar, él suelta botón por botón de su camisa, mostrando la desnudes ante su torso. Rebeca sube y baja la mirada, por inercia aprieta sus piernas, su centro comienza a palpitar… Este hombre está haciendo que la cabeza de Rebeca imaginé mil y una cosas.
Sebastián estaba empezando a sentir como la temperatura de su cuerpo se estaba elevando, la mirada de aquella mujer llegaba a ser tan intimidante en estos momentos, que eso estaba sobrepasando con los principios de Sebastián.
Él terminó de retirar su ropa, Rebeca estaba observando sin piedad alguna, el cuerpo de ella había comenzado a reaccionar al ver lo que tenía al frente.
—Ya cumplí con mi parte, ¿Puedo ya vestirme? —ella suelta una risa muy sugestiva, haciendo que la piel se le erice.
—¿Es todo? —ella menciona con risa. La persona que se encargue de enfrentarla, contradecirla, la pasará muy mal.
Ella se separó, su rostro estaba comenzando a sonrojarse.
—Ahora baila para mí —Sebastián sonrió al estar en esta situación y las peticiones de esta mujer.
Él no tenía claro lo que iba a suceder, ni hasta dónde podría llegar el juego de ella, pero lo que sí sabía era que este juego también le estaba gustando.
Sebastián no era experto bailando, pero podría mostrarle a ella que tan sensual podría llegar a ser.
Con su rostro rojo como un tomate, Sebastián movió su pelvis, bailándole a ella, mientras su cuerpo se acercaba, él realizaba movimientos sumamente eróticos. Colocaba sus manos detrás de la cabeza, sus caderas se movían lentamente hacia adelante y atrás. Rebeca mordió su labio inferior, ella tenía ganas de más, pero este no era el momento.
—Me convenciste, puedes vestirte ya —ella le dijo, dejándolo confundido.
—¿Eso es todo?
—¿Querías algo más? Mire lo que quería comprobar, ya lo hice. Vístete y mañana empiezas a trabajar, creo que vale la pena tener un guardaespaldas como tú —infiere ella, pasando su mano por los brazos de él—. Sebastián, tomó su ropa al igual que ella y se vistieron.
Ella se dirigió hasta su bolso y sacó un cheque, colocó una muy buena suma de dinero y se lo extendió a él.
—Puedes llevar a tu hermana a un mejor lugar, al fin y al cabo no debes preocuparte por el dinero. —Ella tomó sus cosas para salir—. Ya no te necesito, puedes retirarte.
Rebeca salió, sintiéndose satisfecha por el simple motivo de que de nuevo logró hacer su voluntad.