La noche ha sido terrible y no solo para Rebeca, tanto así que Sebastián no descansó ni un solo segundo; recorrió en el carro infinidad de calles revisando cuidadosamente que ella estuviera en algún callejón tirada. Rebeca se encuentra con sus ojos rojos debido a que no ha cesado de llorar, su cuerpo completamente agotado sobre una incómoda silla; solo espera que nunca más vuelva a aparecer el mismo sujeto que quiso hacerle daño. A la distancia logra escuchar el canto de las aves; lo cual quería decir que era un nuevo amanecer. Al cabo de unos pocos minutos después abren la puerta; varios pasos se aproximan a ella, retiran la cinta que hay sobre su boca y le dan comida. Estaba segura que el día de hoy era una persona diferente que lo estaba haciendo, debido a que lo hacía con un poco má

