Los rayos de luz entran sin permiso alguno por la puerta de aquella habitación, dejando la plena imagen de los cuerpos desnudos y entrelazados como si llevarán muchos años de relación se encuentran cubiertos con tan solo una delgada manta. Ella es quien despierta primero, gira su cuerpo y fija la mirada en él, siente un leve arrepentimiento por haber estado con Sebastián, pero en su interior se siente completamente feliz y satisfecha. Dibuja una de sus sonrisas traviesas, muerde su labio inferior y disfruta ver el cuerpo estupendo con el que ha pasado la noche. Rebeca no es el tipo de mujer a la que suele aferrarse un hombre para ser feliz. Siempre ha valorado la libertad, si en el camino encuentra algo que le gusta tan solo lo disfruta y lo deja pasar, siguiendo su rumbo sin que nadie

