Diez

1854 Palabras

No es mi jefe. Ni siquiera es el jefe de mi jefe. No. Es el jodido jefe del jefe de mi jefe, y acabo de decirle que no sé quién diablos se creía que era. ¡Ja! —¿Lena? —Hanna me llama al otro lado de la línea, pero yo solo puedo ver la enojada expresión del señor Saint al otro lado de la puerta. Decir que la furia adorna sus sensuales y masculinos rasgos es intentar suavizar lo que está pasando. —Pon a Billy al teléfono —murmuro. —¿Estás bien? —me pregunta preocupada, mi voz ha debido sonarle demasiado baja. —Sí —respondo rápidamente—. Solo déjame hablar con él un minuto. La escucho caminar. Probablemente estaba en el baño, o se había alejado para hablarme en privado. Un susurro bajo suena unos minutos después, algo parecido a mi nombre, y entonces Billy me saluda. —Hanna no pue

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