ANASTASIA "¡Sí! ¡Mi bebé finalmente llegó!" grité, corriendo hacia mi habitación. Tan pronto entré, saqué el paquete de mi gran top y lo coloqué en el suelo. La camiseta me estaba haciendo sudar, así que me la quité y la colgué en la pared, en un colgador que parecía un clavo al lado de la puerta. No sé bien qué es, pero parece algún tipo de clavo olvidado, supongo. Lista para correr mis garras sobre la caja y sacar el instrumento de poder, me senté en el suelo con el paquete, emocionadísima. "Gracias al cielo por haber revisado por la ventana y ver la furgoneta. Esos guardias casi mandan al pobre hombre de regreso. ¡Peor aún, querían revisar qué había adentro!" temblé, imaginando cómo me mirarían cuando supieran lo que contenía la caja. "Me llamarán rara y me mirarán con asco," susp

