CAPÍTULO 2
El 4 de abril de 1968, años antes de que se permitiera a los padres asistir al parto de su propio hijo, Scarlett Kane recordó primero el dolor y las enfermeras a su alrededor, luego al médico que estaba a sus pies guiando el parto. Lamentaba que su guapo esposo rubio, Michael, no estuviera presente en la habitación. El bebé salió de su útero, liberando la presión. El bebé lloró.
El médico sonrió y lo levantó. “¡Es un niño!”.
Los ojos azules de la madre bailaron. Su marido estaría encantado. Michael deseaba tanto a un niño. Tenía que tener un niño. Ella se había prometido a sí misma y a él, a dar a luz a un hijo. Su pecho se hinchó y respiró hondo, profundo y saboreó. Una enfermera permitió que Scarlett cargara a su hijo antes de que el médico se lo llevara para ver a Michael en la sala de espera.
Llamaron al bebé Troy Michael Kane. Michael accedió a llamar a su hijo con ese nombre, después de conocer los viejos cuentos de la guerra de Troya y el supuesto descubrimiento de Troya por el aventurero y arqueólogo alemán Heinrich Schliemann. "No lo llamemos Heinrich Schliemann", Michael sonrió. "Kane es demasiado irlandés para él y Schliemann demasiado turbio. Troy Michael se llamará. Será un héroe".
Su esposa murmuró desde su cama de hospital: "El nombre también significa 'soldado de infantería' en gaélico irlandés".
"Adecuado", comentó Michael y flexionó sus bíceps. "Mi hijo el guerrero".
La madre de Scarlett había sido fan de “Lo que el viento se llevó” y a Scarlett le encantaba que le pusieran el nombre del fuerte personaje femenino del libro y la película épica. Esperaba que a su hijo también le encantara su nomenclatura histórica.
Al nacer, el niño pesaba ocho libras y quince onzas y medía veintiún pulgadas de largo. Su madre guardaba un mechón de su cabello rubio en un libro azul para bebés, que era un regalo; posteriormente siguió registrando su altura, peso, primeras aventuras y vacunas en distintos momentos de su infancia.
Troy tuvo eccema poco después de nacer, en el lado izquierdo de su rostro, al principio antiestético, y sus amigos cercanos decían, "Ay, qué lindo", cuando lo veían por primera vez, luego se detenían cuando volteaba su carita hacia el otro lado y se sorprendían por el moteado rojo. A Scarlett se le encogía el estómago ante su reacción, pero ella y Michael estaban muy orgullosos y encantados con su nuevo bebé.
Ella le aplicaba ungüentos, lo llevaba en su cochecito de bebé para exponerlo a la luz solar filtrada y al aire fresco todas las mañanas, recorría las largas calles arboladas de su vecindario, pasaba junto a los vecinos que chismorreaban en sus escalones delanteros y el eccema finalmente se curó.
Michael lavaba la ropa del bebé en una lavandería porque vivían en una casa alquilada barata sin instalaciones de lavado. El esposo usaba mucha lejía en la ropa del bebé y eliminaba todos los colores vibrantes. Scarlett pensaba que la lejía contribuía al eccema.
Su esposo usaba mucha agua caliente y lejía porque era un fanático de la limpieza, por lo que ayudaba cuando su esposa necesitaba ayuda con las tareas del hogar. Aspiraba todas las alfombras semanalmente y ordenaba sus pertenencias en cajones y armarios, que siempre estaban limpios y bien organizados gracias a él. Michael era muy activo y útil.
Su hijo lo recordaba siempre, aunque Troy tenía apenas tres años cuando Michael Joseph Kane murió en un terrible y ardiente accidente de motocicleta sobre el costado de un puente y donde rompió su casco en un poste de luz. Su hijo recordaba con cariño y algo de perplejidad el circo y las piscinas a las que lo llevaba su padre cuando era pequeño, antes de que su padre no volviera nunca más a su vida. Con apenas tres años en ese momento, se acordaba de su madre llorando cuando lo dejó con la madre de Scott una mañana y su padre no regresó como solía hacer.
Después de la muerte. ¿Qué era eso? Troy no entendía, tan pequeño era, y esperó en la ventana muchos días a que su padre volviera a casa.
Scarlett tampoco entendía realmente, y la culpa la abrumaba. Su último recuerdo de Michael fue la pelea sin sentido, el golpe en la puerta y el sonido de la motocicleta Honda mientras se alejaba rugiendo, calle abajo y hacia la eternidad.