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2103 Palabras
Mire al techo de mi habitación. Era blanco. No lo estaba mirando por nada en especial, la cosa de que Jayden fuera mi vecino de habitación, me ponía nerviosa pero no me alteraba, no era algo que me perturbara, me molestaba que mis amigos no se habían puesto cerca de mi para dormir, entendía que en ocasiones era la peor persona con la que dormir porque hablaba mucho en sueños y me movía demasiado. Pero no tenían ni que compartir habitación conmigo, solo estar ceca de mi habitación ¿Tanto molestaba al dormir? —Obviamente no—me dije a mi misma. Soy la maldita mejor persona del mundo, estar conmigo es un maldito privilegio ser mi amigo o estar conmigo, por lo que quien no quisiera estar conmigo era quien tenía el maldito problema. Me levante de la cama y me hice una coleta. Saque mi tablet y me puse a escribir en mi diario. Podría ser una tontería tener  las cosas de forma electrónica pero odiaba la vulnerabilidad del papel además que mi padre me había creado algo para que todo estuviera más seguro pero me perdía en lo que se refería a tecnología. —Estamos haciendo la cena—me dijo mi primo Liam desde la puerta pero no le mire, seguí escribiendo en mi diario, no creo que te tuviera que responder—¿Vas a cenar?—me pregunte tras una larga pausa y al ver que no le respondía. Hice una pausa en mi diario y le mire. Estaba apoyado en la puerta de mi habitación, parece que al idiota de Jayden se le había olvidado cerrar la puerta de mi habitación, cosa que me molestaba. —No—le dije para volver mi atención a mi diario. Tenía hambre pero no tenía ganas de comer con la gente, y menos con idiotas que me caían mal, ya que una de las cosas que más odio del mundo, es ver a la gente comer, era algo que me ponía nerviosa y solo lo hacía cuando era necesario, o de vida o muerte. —¿Quieres que te traiga algo?—me pregunto mi primo. Mi primo, por ser de mi familia, tenía mucha información sobre mis gustos y mis manías, era algo que no entendía porque mi madre contaba pero suponía que necesitaba desahogarse con alguien de mi, es decir presumir de lo maravillosa que soy. ¿Me molestaba? Si, pero había asumido que decirle mil cosas y pelearme con ella, por lo que hiciera o dijera. —No—dije. Me miro impresionado. Le mire molesta al notar su mirada en mi. —Voy a dormir—le dije. —Llevas todo el viaje durmiendo—me dijo y le mire. —Dejame —le dije. Era mi primo, no mi padre por lo que no podía mandarme, no era que no quisiera cenar, tenía hambre y podría cenar hasta un caballo pero no tenía ganas de bajar abajo y cenar o que me subieran la cena, no tenía ni idea de la relación pero simplemente iba seguir mis instintos y quedarme en la cama. —No vas a solucionar todo con violencia—me dijo y le mire. —Cierra al salir—le dije. Mi primo salió de mi habitación, y cerro la puerta como le había pedido. Cerré mis ojos por un momento antes de volver toda mi atención a mi diario y terminar de escribir lo que hoy había pasado, y tras eso deje la tablet en la mesita y me tumbe en la cama. Me abrace a la almohada para poder dormirme. Me daba envidia la gente que podía dormirse en cuanto ponían la cabeza en la almohada, pero yo no tenía esa habilidad, tenía que hacer todo un proceso para dormirme.  Este empezaba por taparme con las sabanas envolviéndome como un burrito, y abrazarme a mi almohada como si fuera una persona más, dejando solo un cacho de almohada para mi cabeza. Y obviamente la posición era importante, debía dormir mirando a la izquierda, con la puerta enfrente mía y las ventanas encima o atrás, también era importante que no hubiera luces y que todo estuviera cerrado. Mi tripa rugió peor para ser sincera no tenía ganas de moverme y solo quería dormir por lo que ignore todo eso y me concentre en dormir. Creo que me dormí. Pero no estoy segura de que lo hiciera, se que cerré los ojos pero no se en que momento empecé a notar una horrible presión en mi pecho que no me dejaba apenas respirar, acompañado de un tacto frío y áspero en mis piernas como si alguien las estuviera tocando, pero no era algo agradable sino algo demasiado desagradable. —No por favor—susurré. No sabía quien estaba haciendo esto, si era una broma o lo que fuera pero quería que la persona que hubiera empezado esto, parara, no era divertido jugar con esto. Alguien rio en mi oído.  No era una risa bonita, era de esas que causan pesadillas. Gire mi cuerpo con brusquedad, para intentar alegar todo eso de mi, esperando que fuera un mal sueño pero nada más que mi espalda tocara la cama, note unas manos en mi cuello, como si alguien estuviera intentando ahogarme pero al llevar mis manos a mi cuello no había manos, pero la sensación no desaparecía, alguien me estaba apretando el cuello sin mucha fuerza, como para quitarme el aire de forma tan lenta que tardara más. —Grita niñita, quiero oírte gritar—me dijo una voz en mi oído, no reconocí la voz pero eso no era lo que más me impresionaba, sino que incluso note la respiración de alguien en mi cuello pero era imposible que alguien hubiera entrado en la casa. No quería abrir mis ojos. Y sentí una enorme presión en mi garganta que me hacía no poder gritar, o no se que era. —¿Quieres jugar?—me pregunto la misma voz y note como arañaban mis piernas, para después empezar a hacerme pequeños pinchazos por estas. Intente respirar, concentrarme en algo para evitar entrar en pánico por el hecho de que alguien estaba en mi habitación y no solo eso sino que me estaba molestando, me estaba haciendo algo. Abrí un poco uno de mis ojos para ver un rostro deformado enfrente mía, tenía media cara quemada mientras que la otra parecía normal pero en esos ojos grises con tonos rojos nada era normal. Ese ser, estaba, encima de mi cuerpo, note su cuerpo encima del mío, su gran peso aplastándome y su respiración en mi cara, note como su ropa rozaba mi cuerpo. —Hola—me dijo, dejando que volviera a oír ese tono áspero y tenebroso una vez más. —Ah—grite e intente luchar para quitar al hombre de encima mío. Las luces de la habitación se encendieron y el peso del hombre encima mío desapareció. Me senté en la cama notando que estaba temblando y que ya no había nadie en mi habitación. —¿Qué ha pasado?—me pregunto Jayden. Me gire para verle en mi puerta con un bate de beisbol. Le mire con ganas de llorar sin saber como explicarle lo que acababa de pasar, porque no estaba segura de si había sido real. —Yo—dije sin saber que hacer e intentando no llorar. —Mierda, Nadia—me dijo y se acerco corriendo a mi. No entendí porque, hasta que al llegar a mi me destapo para dejar ver que mis piernas estaban llenas de cortes y sangre. —Yo...—dije sin saber de decir y con un enorme nudo en la garganta. Me estaba empezando a doler la cabeza de evitar llorar, mientras que las palabras se quedaban en mi garganta sin salir. Jayden tiro mi maleta para de esta sacar algo para tapar las heridas haciendo demasiado ruido. —¿Me podéis decir porque hacéis tanto ruido?—pregunto un Noah medio dormido entrando a mi habitación. Jayden apretó mis piernas y las heridas de estas con fuerza para que dejaran de salir. —Despierta a Liam—le ordeno Jayden a su amigo. —¿Qué pasa?—pregunto Noah que parecía no haberse dado cuenta de la situación. —Noah, ya—grito Jayden. Noah se fue corriendo. Seguía sin entender nada mientras evitaba no llorar y buscar las palabras para salir de aquí, moví mis piernas para que Jayden me dejara pero este me agarro con más fuerza. —¿Por que te has hecho esto?—me pregunto mirándome a los ojos. En sus ojos se veía enfado pero no solo eso sino dolor, y no entendía porque, yo no me había hecho eso, esas heridas demostraban que la persona que estaba en mi habitación había sido real. —Nadia—dijo Liam que se acerco corriendo a mi y me abrazo con fuerza. —Tenéis un problema con el ruido—comento Dalton. —¿Podéis dejar de quejaros del ruido y que alguien vaya a por un maldito botiquín?—comento Jayden molesto. Liam me abrazo dejando que apoyara mi espalda en su pecho, no dije nada, aunque me molestaba que me tocaran en estos momentos no me sentía con fuerzas de luchar contra nadie. Emma le acerco un botiquín a Jayden que empezó a  curar las heridas, eran pinchazos, los mismos que había notado. —No sabía que te autolesionabas—comento Noah. Le mire. —No he sido yo—dije y todos me miraron—Había alguien—dije aun con el nudo en mi garganta, note como unas lagrimas empezaban a caer por mis mejillas, pero intente no hacer ruido, para que no se notara que estaba llorando. —Nadia—me llamo Skyler y le mire. —Lo juro—dije agobiada porque no em creyeran y con el nudo de mi garganta más fuerte. Debían creerme. Amaba demasiado mi persona como para hacerme daño a mi misma, solo los locos o los que tenían algún problema, y yo no lo tenía ni mucho menos estaba loca, era un maldito genio con un gran futuro. —Podemos mirar por la casa, pero es imposible que a alguien le haya dado tiempo a escapar—dijo Noah. Mire a Dalton, él era mi mejor amigo y debía creerme pero ni me miraba a la cara, nadie me miraba y él que lo hacía tenía una enorme cara de decepción, con cara de que creían que estaba mintiendo pero no lo estaba mintiendo. —Tranquila—me dijo Liam pasando sus manos por mis brazos. Emma me quito unas tijeras de la mano y la mire. —No—dije sin entender lo que había pasado. Liam me abrazo más fuerte mientras que Jayden me curaba las heridas de las piernas, sin decir nada ni mirarme. —Por favor—susurré. —Deberíamos ir al hospital—comento Jayden. —No—dije e intente luchar para levantarme pero tanto Liam como Jayden evitaron que me moviera. —No vamos a ir—dijo Liam y todos le miraron—Cúrale, y duermo yo con ella—comento mi primo, no dije nada, si volvía ese señor, y estaba Liam el podría protegerme por lo que no había algo de lo que me pudiera quejar respecto a eso.  —¿Seguro?—pregunto Jayden. No em lo preguntaba a mi ni me miraba, hablaba con Liam. —Si—dijo Liam sin dudarlo—Los demás os podéis ir—añadió. Y todos se fueron, menos Jayden que antes termino de currar las heridas, tras eso se fue dejándome con Liam que em soltó y le mire. —¿Me crees?—le pregunte y él beso mi mejilla. —Con toda mi alma—me dijo y se tumbo en mi cama. —¿Lo saben?—le pregunte. Él me miro, al principio sin entender nada, pero cuando le mire atenta, él paso su mano por mi pelo. —No saben nada—me dijo y le mire—Al menos no por mi—añadió, arrugue mi nariz y le mire aún con muchas ganas de llorar pero sin dejar que nadie me viera vulnerable—Aunque deberías decírselo—me dijo. Le mire. —No—dije y él me miro. Nadie debía saber de mis debilidades y por mucho que hoy las hubieran visto, eso no era nada importante, y eso no hacía que tuviera que contar mis secretos.  O eso esperaba al menos.
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