En pocos segundos todo vuelve a la normalidad y soy sorprendido con su cálido cuerpo cayendo entre mis manos mis piernas ceden antes la impresión de su piel tiñéndose de rojo y de un jadeo de impresión saliendo de su boca mientras con sus ojos busca mi mirada. Mi pecho se contrae por la impresión y el dolor de verla sobre mí mucho más herida que antes y con su piel sumando palidez. ―No te muevas, tranquila ya te voy ayudar ―digo frenético con voz temblorosa― ¡Ayuda! ―grito desgarrando mi garganta― ¡Por favor ayúdenme! Coloco mi mano sobre su abdomen haciendo presión en la herida por donde brota la liquidez escarlata, su mano temblorosa y fría tocan mi rostro que trata de ver que tan fuerte es su herida y mi mente se arrepiente de no haber despertado antes de no haberla visto a tiempo.

