La cara de Rodrigo es de sorpresa total, algo desorientado por la hora y el sueño se mueve dejándome paso, me adentro a la habitación y me quedo parada justo donde el me enseño durante todo este tiempo así que mi cerebro parece procesar el sitio exacto donde debo detenerme para cumplir con los deseos de “El Tío”. ―¿Daniela? ―interroga con cierto tono de incredulidad. ―Señor ―respondo y me arrodillo. ―¿Qué haces aquí?, puedes hablar. ―Ne-necesito pedirle algo, mi señor. ―¿Pedirme algo? ―pregunta mientras se encamina hacia el sofá donde tantas noches se ha sentado a contemplarme― Te escucho ―concede. ―Yo-yo acepto su mandato, me someto a su voluntad, obedeceré cada orden que me diga y no cuestionaré nada de lo disponga para mí. ―¿ Y eso por qué sería? ―He entendido que solo co

