Lo veo secarse su rostro y con esa mirada fija e inexpresiva sobre mí, sale raudo de la habitación, rápidamente le sigo viendo como en movimientos rápido llega a la cocina y toma lo que supongo es una cerveza, no me fijo muy bien, lo veo dar el primer trago y sin inmutarse terminarla de una vez. Dejando la botella vacía en la nevera saca otra y trata de repetir la acción, pero mi mano lo detiene en medio del camino hacia su boca. —Basta, Tayler, escúchame —le imploro. —No, ¿qué tengo que escuchar?, que te entregaste a ese hombre de manera voluntaria y que por eso estás aquí, que por eso viniste a consolar a tu abandonado novio, claro pensaste ceder con excusas y luego venir a convencer al idiota enamorado… que besa el piso por donde caminas, que te idolatra mas allá de su

