No puedo evitar sentir como el enojo explota en mi interior y rugo sacando todas mis fuerzas apartándome de su agarre con furia. ―No lo es, no es tuya… eres un desgraciado ―vocifero mientras arremeto en su contra, logrando que se tambalee hacia atrás y que su boca sangre. ―Claro que lo es, no te lo ha contado verdad, las veces que se ha entregado a mí ―golpea mí estomago y me lanza varios escalones más hacia abajo― las veces que se ha despertado en mi cama ―se acerca y me mira fijo― Yo la he tenido varias veces y puedo todas las veces más que quiera, dime entonces que haces metiéndote en donde no te necesitan. Sé que es mentira, o que por lo menos algo así Daniela me hubiese contado inmediato, pero no puedo sentirme aturdido entre los empujones y golpes sumándole sus palabras. ―Ha gemi

