Le digo al amor de mi vida que tenemos que intentar no hacer nada de ruido porque nuestro hijo está durmiendo, y no le conviene que se despierte. —Eres mía, mi amada mujer, quiero que seas mi esposa —dice tras llenarme de besos por todo mi cuello, me acaricia suavemente la lengua con la suya, mueve las caderas y hace que me tense para aliviar el ardor que siento entre las piernas—. Serás mía y hoy me encargaré de que no exista ninguna huella del infeliz de mierda que elegiste por esposo, en este instante soy y seré tu hombre, tu dueño, tu amante, tu puto, tu amo y tu esposo—declaró dejándome un beso en la frente. Le rodeo los hombros con los brazos y le beso los labios húmedos, esa es la forma de decirle que lo amo y que acepto que sea mi hombre para toda la vida, que sea la persona que

