"Meg ..." "Natalie ..." "¿Quién podría ser?" Pregunta el tío Dave, despistado. Pero sabía exactamente quién era. Siempre que Ryan estaba bloqueado o necesitaba que alguien abriera la puerta por él, tocaba el timbre una y otra y otra vez. Era como su firma y la única forma en que podíamos saber si era él o no. Abro la puerta y lo veo sonriéndonos a mí ya Meg. Saltamos sobre él como niños pequeños que acaban de ver a sus padres llegar a casa. "Pensé que estabas en París", le digo, la sonrisa no abandona mi rostro mientras me muevo para que él pueda entrar. "Lo estaba", confirma, dejando caer su bolsa de lona gigante junto a los escalones. "Vaya, gracias hermana", dice bromeando. Ella pone los ojos en blanco. "Sabes a lo que me refiero." A estas alturas, los chicos se han apiñado en

