Todos celebran al ver a Atiza sonreír. Ella recorre cada rincón de la habitación con emoción y su abuela responde a cada pregunta que ella hace, observa las fotos familiares que su padre guardaba. —Estaban felices por tenerme, ¿verdad?, se les nota la felicidad en sus rostros. —lo decía con pena, se le notaba en la voz. ¿Y cuánto amor, se tenían? Se les nota en sus miradas, en el brillo de sus ojos; —en su mirada había brillo también, eran las lágrimas que no paraban de salir. —Sí, mi amor, se amaban y estaban muy felices de tenerte. Tu padre, desde que supo que llegabas, siempre quiso que fueras una niña, ambos querían y esperaban que fueras niña. —su abuela le relataba con lágrimas en los ojos, al recordar la felicidad que vivieron en ese momento. —Y lo feliz que se puso cuando te tu

