La normalidad, nada normal

3341 Palabras

GIGI El silencio siempre llega como un golpe después de los aplausos. El hombre se viste sin decir palabra. Ni me mira. Me gusta así. Los hombres hablan demasiado cuando creen que tienen derecho a hacerlo. Lo observo abotonarse la camisa, recoger sus cosas, abrir la puerta. Ni una despedida. Perfecto. Cuando se va, el aire cambia. El olor a sexo se queda flotando, denso, eléctrico, como si las paredes aún respiraran. Apago las luces del set, una a una. El cuerpo me tiembla, no por placer, sino por ese vacío que deja cada transmisión. Siempre pasa: el silencio, la soledad, el eco de mi propia respiración. Podría decir que me acostumbro, pero mentiría. Camino hasta el espejo. El reflejo me observa con la misma expresión de siempre: calma fingida, ojos delineados, labios rojos. La ve

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