BLAKE ASHFORD (15 años) Valeria me evita por dos días. No me mira en el comedor, no responde a mis mensajes, y cuando me cruzo con ella en el pasillo gira la cara como si no existiera. Eso, lejos de molestarme, me divierte. Porque su silencio no es rechazo: es defensa. Una muralla que se tambalea. La busco yo. La encuentro en la biblioteca, sola, fingiendo leer. Me acerco sin pedir permiso, me siento frente a ella. Sus ojos se alzan, rabiosos. —¿Qué haces aquí? —Lo mismo que tú —respondo, tranquilo—. Fingir. Aprieta la mandíbula. —Vete, Blake. —No. Se queda helada por un segundo, y en ese instante aprovecho. Me inclino hacia ella, bajo la voz. —Dime la verdad, Valeria. ¿Cuántas veces pensaste en esa noche? Ella se sonroja, pero su mirada no cede. —Ni una. Me río bajo. —Mentiro

