BLAKE ASHFORD La mesa es un desastre glorioso. Cajas abiertas con curry ya frío, servilletas arrugadas, copas manchadas de vino, migas de pan, gotas de salsa seca. Huele a comida recalentada, vino barato y ese incienso suave que a Saanvi le encanta encender como si pudiera purificar el aire de toda la mierda que cargamos encima. Caótico. Cómodo. Vivo. Yo estoy recargado en la silla, piernas abiertas, brazos sueltos a los lados, con la espalda relajada y la sonrisa de tiburón clavada en la cara. No porque haya ganado nada concreto, sino porque sé que estoy en mi terreno: discusión moral, provocación, alcohol. Georgia al otro lado de la mesa, copa en mano, me mira como si quisiera estrellármela en la cara. Labios apretados, ojos azules brillando de rabia. Es divertida. Se toma todo demasiad

