BLAKE ASHFORD Gigi me sostuvo la mirada un instante más de lo necesario, la sonrisa apretada, apenas contenida. Luego se giró hacia los otros, como si yo no estuviera allí. —Bien… los que realmente vinieron a jugar, sigan. —Su tono era ácido, pero sus manos ya bajaban otra vez hacia su cuerpo. Los demás no necesitaron más. Se arrastraban, se tocaban, gemían su nombre como perros desesperados, obedeciendo cada gesto de ella. El chat era un hervidero de jadeos escritos, de órdenes inútiles que nadie iba a cumplir, de insultos y súplicas. Yo me quedé quieto, mirando. No toqué mi v***a. No hice nada más que observar, inmóvil bajo el antifaz, el cuerpo duro como piedra, el pulso marcándome las sienes. Y vi lo que nadie más vio: la irritación de Gigi. Cada sonrisa forzada, cada jadeo más te

