OJO POR OJO...

1667 Palabras
꧁ANGELA꧂ Desde aquella noche, Luis me ha esperado a la salida de la universidad, en varias ocasiones lo he visto hablar con Fiona, ella me mira con odio, yo sencillamente la ignoro, no me interesa lo que piensa de mí. Una semana tranquila tanto en el trabajo como en la universidad, en mis clases voy muy bien. Hoy me reuniré con el rector de la universidad ojalá me ayude para aplicar a una beca, aunque me toque ayudar en la biblioteca. Luis me sale al encuentro voy caminando por uno de los pasillos que me lleva a la rectoría, quede de hablar con él y si todo sale bien ahí nomas llenó el formulario, aunque mi apellido es de una de las empresarias famosas del país, yo vivo en la miseria.  —¿Adónde te diriges, preciosa? —A la rectoría, tengo una cita con el rector. —¿Y eso? —Nada sin importancia, nos vemos más tarde. —Toque dos veces al escuchar que me dice pase, abro la puerta y Luis se queda parado, sin decirme nada más. —Hola, Señorita Fuente, en que le puedo servir, tome asiento. —Buenas, señor, el motivo de estar aquí es para suplicar su ayuda. —Prosiga. —Quiero aplicar a una beca, mis notas son muy buenas. —¡Ah! Comprendo. Llene este formulario y se lo entrega a la secretaria, si usted aplica, se le notificará dentro de dos semanas. —¡En serio! Eso es fabuloso. —No se emocione mucho, todavía no le han dado un ok. —Solo con esta poca esperanza es mucho para mí, muchas gracias. Salí muy contenta de ahí, en eso me fijo que Luis aún está esperándome, tomo el formulario del escritorio de la secretaria, y me siento en un pupitre para llenarlo, él únicamente me observa sin decirme nada. Comienzo a llenarlo con mis datos personales, en las casillas donde va la información de mis padres, la de mi padre puse fallecido y en la de mi madre puse a mi tía Sandra. Me duele mucho no poder contar con el apoyo de mi madre, ella me ha hecho a un lado ni siquiera le importa como estoy, si estoy comiendo, ella no le importa nada de mí, mis ojos se cristalizan, no voy a llorar, no más. Al terminar se lo entrego a la secretaria. —¿Tienes problemas económicos? —No, me las puedo arreglar sola. —No fue eso lo que indague, aunque no me quiero meter en tu vida, me gustaría que contaras conmigo. —Gracias, pero estoy bien. —No quiero deberle a nadie nada, sé valerme por sí misma, no debo comportarme como una inútil. Después de salir de la universidad mi tía me llama que le tocara doble turno, decidí ir a ayudarle, ella se está esforzando mucho para pagar mis estudios, la pobre no tiene vida social, así nunca conseguirá a un novio. Me preocupa su reloj biológico, aunque a ella como que no le importa eso. —Hija, ¿Por qué viniste? —Es obvio ayudarte, de esta manera regresamos temprano a casa. —Entonces manos a la obra. Arreglamos las doce habitaciones que le faltaban, terminamos antes de medianoche, ella se ve agotada, me da pesar ser una carga para ella, quisiera ser de más ayuda, para sacarla de este hoyo en donde estamos ahora. Al llegar a la casa, solo fuimos a dormir, cenamos en el hotel, la verdad que, si no lo hubiéramos hecho, no tengo ánimos de nada en este momento. Al día siguiente la misma rutina, trabajamos en la mañana en el hotel, a mediodía me despido de ella para ir a la universidad, el hotel esta como a media hora caminando de la universidad, me ahorro ese dinero de transporte. Mientras camino hacia la U. Siento que me siguen, un auto muy sospechoso va demasiado despacio detrás de mí.  ¡Dios santo! Apresuro mi andar en eso el auto acelera un poco, en eso me rebasa, doy un suspiro de alivio, en eso alguien tapa mi boca con un trapo perdiendo las fuerzas y cayendo en una oscuridad. Estoy tratando de despertar, mi vista es borrosa, siento algo pesado encima de mí, en eso siento que me están besando con brusquedad mi cuello, ¿Qué me están haciendo? Mi vista no ve bien de quien se trata, pero estoy siendo violada. —Estás despertando, ahora sabrás lo que sentí cuando me tomaste sin mi permiso. —¿Quién es usted? No sé de qué habla. —Llego el momento, quería que estuvieras algo lucida, no seré bueno contigo. No me puedo defender, mi cuerpo no responde, siento como me besa y chupa mi piel sensible, ese hombre está a punto de violarme, papá ayúdame. Gimoteo cuando sus dedos juegan con mi clítoris, estoy teniendo un fuerte orgasmo, mi cuerpo se estremece, él me recrimina cosas que no entiendo, no sé quién es. —Deténgase, no me viole. —¡¡Violar, lo que tú me hiciste que es entonces, no me vengas con eso ahora!! En eso siento que me besa como si estuviera saboreando una paleta, siento sus lamidas, que es todo esto, como es que me está pasando algo tan terrible. En eso siento algo extraño en mi intimidad, no eso no es posible, quiero mover mis manos para defenderme, no logro coordinarlas.  —Voy a penetrarte, querías que recordara tu nombre, pues lo lograste, lo recordé muy bien. —¡No sé de qué habla! —Sé que estoy llorando, las lágrimas calientes queman mis mejillas, esto no me puede estar pasando, no he sido mala, porque me castigas de esta manera. En eso siento una navaja que me hiere el interior, grito con todas mis fuerzas, el dolor es indescriptible, no lo soporto, siento como varios cortes en mi interior. —No lo soporto, para por favor. —¡Maldición! Eras virgen. No lo entiendo, tranquila, iré despacio desde ahora, no entiendo nada. —No lo soporto, sal de mí. —Déjame terminar, contigo no siento náuseas, te trataré bien. —Me duele, ¿Por qué me haces esto? —Tranquila, estoy por terminar. Él se empezó a mover más lento eso amortiguó el dolor, dándome una sensación más satisfactoria, sus besos fueron suaves y húmedos, el dolor se ha calmado. Siento como se desliza dentro de mí, gimo como loca al sentir las correntadas eléctricas que recorren mi cuerpo, cierro mis ojos porque no veo con claridad de todos modos, mi mente se desconecta de la realidad, disfrutando lo que ese extraño hace con mi cuerpo, es un hombre corpulento. Mis manos las puedo mover de a poco, toco su espalda ancha y su piel suave, las llevo hacia su cabello, es liso y sedoso. Recorro con mis manos sus fornidos brazos, para darme una idea del que ha robado mi inocencia. —Te gusta tocar pequeña. —¿Quién eres? —Eso quedará en el anonimato. —¿Por qué yo? —Ni yo lo sé, pero lo averiguaré. Ahora me perteneces. —Solo quiero dormir un poco. —Cuando salió de mí, sentí el vacío que dejo en mi interior, lo último que sentí fue su beso en mi frente. Me remuevo entre la suavidad de las sábanas, abro mis ojos y puedo ver claramente, me siento asustada, no hay nadie, además me doy cuenta de que estoy en la habitación de un hotel. Me pongo de pie reviso la cama buscando la prueba de mi pureza, la cama está limpia no haya nada, además juraría que aquí no ha pasado nada, las sábanas huelen a limpio.  Soñé todo eso, como fue que aparecí en este sitio, Dios lo sentí tan real, miro mi ropa doblada en el sillón, lo tomo y me adentro al baño cuando admiro mi cuerpo reflejado en el espejo, me doy cuenta de que no fue ningún sueño, no lo soñé. Mis ánimos se vienen al suelo, mis ojos se cristalizan, quiero llorar, realmente perdí mi virginidad con un extraño. Entro a la ducha, me abrazo a mí misma, nada fue un sueño, alguien me tomo, sé cuánto ha pasado desde que paso eso, no sé si uso algún preservativo, tengo que beber una pastilla de anticonceptivos, si quedo embarazada será desastroso para nosotras en la situación en que estamos. Me apresuro no es momento de llorar, tengo que accionar, me visto lo más rápido. Al salir choco con mi tía, eso quiere decir que estoy en el hotel donde trabajo.  —Cariño, regresaste temprano. —Tía, saldré un rato. —¿Qué pasa? —Nada, solo olvidé algo. —Falta una hora para el almuerzo, te espero. —Está bien. Corro hacia la salida, me ubico bien para recordar si hay una farmacia cerca, en eso visualice una en la esquina corro hacia ella, suspiro profundo, entro y miro que una mujer está despachando. La miro a penada, ella me pregunta que deseo. —¿Tiene pastillas anticonceptivas? —Si, alguna marca en específico. —Quiero de esas que uno puede tomar después de haber tenido sexo. —Ah la del día después, déjeme ver si hay. —Estoy rogando para que no llegue cliente en ese instante, ella regresa y me muestra unas. —Esas está bien. —Se toma una de inmediato. Le recomiendo tomar las mensuales. —No pienso tener sexo con nadie, lo que me paso fue sin mi consentimiento. —Solo esas por los momentos gracias y una botella con agua. En cuanto me las dio me la bebí, di un suspiro de alivio, regrese al hotel, mi tía paso inquieta en la hora del almuerzo queriendo saber que tenía, ya que mis ojos están hinchados, ella sabe que he llorado. Le he declarado que estoy bien y dejo de indagar, comimos tranquilas, no le contaré a nadie lo que me ha pasado, ese momento sé ira conmigo a la tumba.
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