Después de la noche de amor con Iván, dejé la Ciudad de Rurik. No por vergüenza, no he sufrido remordimientos. Sabía lo que estaba haciendo y lo quería locamente. Tuve mi noche de felicidad. Lo único que temía era no dejarle marchar, no permitir que cumpliera con su deber. Entendí que error nosotros hicimos, cuando Iván se acercó a la casa del gobernador casi de inmediato, intentando de hablar conmigo. Pero no le dejé entrar. Luego llegó Olga. No podía dejarla en la calle, por eso permití su entrada. - ¿Por qué te fuiste de mi casa? - Preguntó ella, parece que su hermano no le dijo lo que había surgido entre nosotros. - Lo siento, pero allí me sentía incómoda. Mejor que esté aquí. – respondí, intentando esconder mis mejillas rojas. - ¿Pero ¿cómo voy a protegerte ahora? - preguntó, si

