El invitado no deseado.

1809 Palabras
Emilia Ixia, hija de la familia Ixia, una de las mejores familias de todo el reino de Plehx, Emilia no solo era una chica rica, descendiente de una de las familias más talantosas y poderosas, también era inteligente, un prodigio en todo tipo de campos, principalmente la medicina y la alquimia de sanación, ella me salvó la vida con una complicada operación, pero lo que más me encantaba de ella, era su amabilidad, es bien sabido que los nobles son personas crueles y arrogantes, con una insana necesidad de pisar a todo aquel que esté por debajo, los nobles jamás ayudarían a un pobre plebeyo, excepto esta chica una joya hermosa y valiosa, tanto que no iba a dejarla ir tan fácil, al final, un ladrón no puede ignorar tal tesoro. ― Tienes una semana para largarte de aquí, o prometo que no vas a sobrevivir a mi siguiente ataque. ― El sirviente de Emilia, no estaba muy feliz de tenerme cerca de su querida señora y como ya podrían imaginar, Gofred me amenaza con una espada y me apunta con ella. Ese hombre era un asesino bastante peligroso, pero no iba a dejarme intimidar. ― Por favor Gofred, sabes bien que lady Emilia no le gusta que me ataques, guarda esa espada. El mayordomo de Emilia era devoto a su trabajo, aunque él quisiera matarme, yo estaba bajo la protección de la joven al cual serbia, Emilia ya le había dejado en claro que no podía lastimarme o de lo contrario ya no sería digno de servirle a la heredera de la familia Ixia, por lo que con completo rencor baja la espada. ― Eres un desgraciado, vas a aprovecharte de ella, ¿verdad? Gofred y sospechaba de mis intenciones, pero no podía acusarme de nada, yo solo era un invitado en la mansión blanca ― No sé de qué hablas, pero, si tengo la oportunidad, intentaré convencer a Emilia para que se case conmigo, creo que ella es un gran partido, además, es rica. Gofred golpea el suelo clavando la espada. ― ¿Crees que ella se va a casar con un pobre diablo como tú? Claro que no, le advertiré sobre ti, así ella no va a caer en tus sucias garras. Claro, el mayordomo, podría advertirle a Emilia y sabotear mis planes de hacerla mi esposa, pero por ahora, él no estaba en condiciones de hablar mal de mí- ― ¿Ah sí? Pues ella se ve muy apenada por lo que hiciste, aparte de casi matarme, ahora quieres acusarme sin pruebas, Emilia ya está muy ocupada en sus asuntos personales, ¿para qué quieres molestarla más? El mayordomo me mira con justo desprecio, porque yo tenía razón, Gofred ya le había causado Muchos problemas a Emilia, por lo que no dijo gran cosa. - Tal vez creas que puedes salirte con la tuya, pero desde ahora te digo, que cuando la Señora Emilia se dio cuenta del tipo de persona que eres, entonces podré acabar Contigo. El mayordomo se retira, en la tarde Emilia me ayuda a cambiarme las vendas que ya estaban Sucias por la sangre seca y mientras ella me ayudaba, no pude evitar preguntar por sus Sirvientes. – ¿Y todos tus mayordomos son tan peligrosos como Gofred?— A lo que Emilia me Responde. - Nuevamente, te pido disculpas por lo ocurrido, en su época de juventud Gofred fue un Caballero de la orden real, era tan sanguinario que muchos le tenían miedo, cómo Comprenderás, es difícil hablar sobre él. Emilia ya de por sí conocía bien la naturaleza de Gofred, y en cierta parte ella se sentía Culpable por sus acciones, pero yo no quería verla triste, por lo que acaricie su mejilla y le dije — Ey, no te preocupes, si no fuera por ti estaría muerto, eres una gran chica, hermosa y Perfecta. Emilia me mira a los ojos y me sonríe, pero, no pude escalar más alto, pues ella tenía clases Con su maestra de magia, por lo que se tuvo que ir, yo, por otra parte, me preguntaba si Realmente estaba haciendo lo correcto, si enamoraba a Emilia y me casaba con ella, podría ser Rico y tener todo lo que siempre he deseado, pero no sería justo para ella. - Señor Félix… Mientras me estaba debatiendo, una chica de cabello corto y rojizo, delgada y muy linda entra A mi habitación, era una de las sirvientas de Emilia que vino a cuidarme. —soy Beatriz, la señora Emilia me pidió que lo cuidara mientras está en sus clases de magia avanzada. Beatriz, era muy amable y servicial, su uniforme de sirvienta era muy elegante, su falda larga y Su cabello bien peinado la hacía resaltar como una bella doncella. – ah, yo, está bien gracias… Beatriz me cuido durante horas, siempre con una sonrisa, aún me costaba crees que fuera tan Linda, sus dientes eran blancos como la porcelana y era tan educada que jamás imaginé lo Desgraciada que podría ser. — Muy bien, traeré la merienda… Beatriz se retira para traer la merienda, ya era la hora de comer algo ligero, pero jamás pensé Que esta sirvienta fueran impredecible. —Espero que lo disfrute, señor Félix. Beatriz levanta la tapa del charol y cuando veo cuál era la merienda del día, me doy cuenta de Algo, esta sirvienta tampoco quería que yo estuviera aquí… – ¿Qué es esto?— dije al ver la Delicia. – Sobras para los perros… – Beatriz me sonríe y su sarcasmo eran tan evidente como su Falta de cariño. Comida para perro, yo me sorprendí al ver eso, eran sobras de carne y pescado, también Cortezas de pan quemadas y viejas, pensaba que era broma, pero no… — Creo que no es muy apetitoso. – le dije, pero ella insistió. — Ah, pero puede gustarte, ya que al final eres un perro aprovechado, solo quieres él Dinero de la señora Emilia… Cuando Beatriz me dijo eso, me di cuenta de quién era el responsable de todo esto. — Adivino, Gofred te dijo todo eso, ¿Verdad? Solo te diré algo, no voy a dejar que me intimiden, Emilia es La única a la que le tengo que agradar, así que tú y el viejo pueden estar seguros de que yo no me Voy a rendir. Emilia entra al cuarto y Beatriz esconde la comida al tapar el charol con la comida para perro. — señora Emilia, no esperaba que regresará tan pronto. – Menciona Beatriz algo afanada. Emilia no sospechaba de nada, por lo que solo dijo. – Aún me falta mejorar mis hechizos en Transformación, pero, quiera ver a Félix, me preocupa que no se sienta cómodo. Emilia estaba tan preocupada por mí, que prefirió terminar sus clases antes para visitarme, Beatriz no tuvo de otra que irse y mientras lo hacía, ella me miraba con el mismo desprecio Que el viejo, eso me hizo enojar, pero no dije nada… – Muy bien, entonces me retiro, los dejaré a solas… Beatriz se marcha del cuarto y Emilia, algo cansada por sus responsabilidades, toma asiento Cerca de mi cama y empezamos a platicar. – Y bien, Félix, ¿Por qué no me cuentas un poco? ¿Sobre ti? Emilia sentía mucha curiosidad por mí, quería saber más sobre este pobre ladrón y porque Justamente yo estaba en el callejón la noche que nos encontramos. — bueno, ¿por dónde empiezo? La señorita Emilia no sabía mucho sobre mí, no sabía nada y mucho menos que yo fuera de otra región, le dije que yo había llegado a la ciudad de Lizi por mar y que ese mismo día, fui atacado por un noble al cual trataba de robar. — ¿entonces ese noble furioso te atacó con magia? – reacciona ella sorprendida de haberme metido en tantos problemas en solo una noche. – Escape de ahí, no es la primera vez que un tipo rico me intenta matar, desde que mis padres murieron he sobrevivido robando. – dije. Emilia y yo hablamos durante horas, algunos temas sin relevancia, como gustos y demás, era muy interesante el que una chica rica y un tipo pobre tuvieran tanto de que hablar. En la mañana siguiente Emilia me invita a desayunar, esta vez al jardín trasero de la mansión, que más que un jardín, parecía ser un parque, aún no podía caminar muy bien, cada vez que me movía, era una tortura por el dolor, pero Emilia y varios de sus sirvientes me ayudaron a desplazarme hasta uno de los quioscos dónde nos esperaba una deliciosa comida y café. – Espero que sea de tu agrado Félix, le pedí a mis sirvientes que prepararán algo especial. – Me dice Emilia al sentarnos. Todo se veía delicioso, la comida era exquisita, me pude dar cuenta de que los sirvientes de la familia Ixia eran muy buenos cocineros. – Emilia, esta comida es deliciosa, jamás pensé que podría saborear algo tan sublime, tus sirvientes son estupendos cocineros ¿quién fue el que preparo este desayuno? – Gofred… Por algún motivo no quise comer más, no porque la comida fuera mala, si no más bien por él temor de que el anciano, no hubiera envenenado mi plato. — Félix, ¿por qué ya no quieres comer más? — me pregunta Emilia, extrañada de que ya no quisiera comer. – Ah, no es nada, estoy muy lleno, como sabrás, por lo general no desayuno, así que estoy más que satisfecho. – Oh, entiendo… Después de comer, empezamos a hablar y Emilia me dijo algo que honestamente no esperaba escuchar. – ¿Por qué me pedías que me casará contigo, Félix? Emilia recordó lo que le había pedido aquella noche, cuando la había salvado de su propio poder, yo le había pedido que se casará conmigo, pero ella no sabía que mis intenciones era su dinero y tristemente no pude decirle eso. – Porque te amo… — Le mentí. Emilia se sorprendió, ella se puso tan pálida y nerviosa que casi se le cae su taza de café, pero ella no era tan fácil, obviamente yo debía convencerla de que aceptará casarse conmigo — yo, no sé qué decir, me siento alagada, pero… Tome sus manos antes de que ella dijera algo más, sabía que debía mantener el romanticismo, si quería asegurar mi futuro debía engañar a esa noble. – Emilia, por favor, quiero que me des una oportunidad, dejaré de robar y me enfocaré en ser un esposo ejemplar para ti, solo dame una oportunidad. – Félix, no comprendes, yo no creo… Volví a interrumpir a Emilia – tranquila, sé muy bien que un plebeyo no puede estar con una noble, pero déjeme… Comencé a ver borroso, mi mente comenzó a nublarse y sin poder comprender, me desplomó en la mesa. –¡Félix!
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR