Como me mantuvo alejado todos esos días que estuvo hospitalizada, no pude ver la cicatriz en su vientre. A Amelia le preocupaba tener una marca en su cuerpo, pero a mí no, yo la amaba con o sin ella. Tras explicarle que, para los licántropos, las marcas que deja el tiempo sobre el cuerpo, como pueden ser las arrugas, las canas y otras más, no son determinantes para amar, empezó a llorar por lo conmovida que se sintió al oír mi discurso. Para tranquilizarla y hacer que por completo olvide sus temores, empecé a dejar besos sobre sus cabellos. La intensidad del contacto que teníamos subía y se hacía más íntimo porque empecé a jugar con su oreja. La besaba y daba ligeras mordidas que, más que provocarla, causaron en mí una erección. Al sentirla, me recordó que no podíamos por varias semanas un

