DOS SEMANAS DESPUÉS... Los golpes ya ni se notan, mi cuerpo se está terminando de recuperar, pero el dolor de mi alma sigue tan intacto, como aquél maldito día. Hablo con mi madre a diario. le he dicho que estoy muy bien, ella finge creerme, pero apuesto a que algo sospecha. Lo peor es que ya debo regresar. —Tía, gracias por tus cuidados y tanto amor en estos días tan duros. No sé cómo voy a pagarte —le digo cuando hacen el llamado de mi vuelo en el aeropuerto—. Sobre todo, gracias por mantener tu discreción. —Eres la hija que nunca pude tener, mi pequeña, haría eso y más por ti. Este secreto me lo llevo a la tumba, mi amor, no te preocupes. Y nunca olvides lo fuerte que eres, de esta vas a salir victoriosa. La abrazo y, luego de despedirme, me voy a la sala de abordar. Cinco horas

