Charlas, confesiones y más (3era. Parte)

1595 Palabras

El mismo día Milán Giuseppe Muchas veces enfrenté el peligro con frialdad, como si fuera algo de rutina, pero por primera vez me paralicé, sentí el corazón acelerarse y los nervios invadirme. Quizás era el temor a ser descubiertos o el miedo a que lastimaran a Ludovica. Aun así, atrás quedó el Giuseppe enamorado, y en su lugar mi instinto de sicario tomó las riendas. No vacilé. Desenfundé mi arma y avancé hacia la habitación. Al llegar, revisé cada rincón, cada sombra, cada posible escondite. Cerré las ventanas y miré a Loredana: su pecho subía y bajaba con normalidad, sumida en un sueño profundo. No había intrusos. Más bien, había sido ella quien tiró el vaso sin darse cuenta. Y cuando pensé que al fin había derribado ese muro que Ludovica se empeñaba en levantar entre nosotros, me

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