Al día siguiente, Gabriel había amanecido más recuperado y despierto; Gladys, seguía allí acompañándolo. —Parece que he dormido mucho, ¿verdad? —le dice el sonriéndole—. Creo que de esta ya he salido bien librado; siento que valió la pena, haber pasado por todo esto, porque he conocido a esa persona extraordinaria que hay en ti, Gladys; gracias, porque a pesar de que no estaba muy consciente, siempre sentí que estabas ahí conmigo. —No es nada, Gabriel; tú has sido muy solidario conmigo, y lo menos que podía hacer era acompañarte en estos momentos difíciles — le dice ella—. Estoy muy contenta de que te sientas mejor; por un momento, temí lo peor, y me sentí muy angustiada. —Ya ves que no era nada importante; solo estaba un poco agotado —le dice el mirándola al rostro—; igual a como tu es

