NARRA GEORGINA Respiré hondo cuando soltó esa pregunta. Me quedé en blanco. No tenía ni la más mínima idea de qué decir. La verdad, no creía que hubiera algo que me atara a este lugar. Vivir bajo las órdenes de alguien nunca había sido lo mío. —Dices que es un juego. Lo dijiste un montón de veces. Antes de aparecerte en mi casa y secuestrarme, incluso después. ¿Qué carajos es este juego? ¿Que me quede acá es parte de tu jueguito? —solté, cruzándome de brazos. Hizo una mueca. —A la basura el juego. Lo mandé al carajo en cuanto descubrí que no eras su verdadera hija. No hay juego —respondió, con esa voz seca. Fruncí el ceño. No iba a dejar que me saliera con eso. —¿Entonces cuál era tu plan, Maxwell? ¿Cuál era tu maldito juego? —insistí, mirándolo directo a los ojos. —No tiene sentido

