NARRA GEORGINA Miré a las dos personas frente a mí. Una era el hombre al que amo más que a mi vida, y la otra, mi propia hermana. —¡Georgina! Tienes que decidir ahora. Por favor… —me suplicó mi hermana con la voz quebrada. Volví la mirada hacia Maxwell. Él, como siempre, me miraba con confianza, esperando mi decisión. En el fondo, ella ya sabía lo que iba a hacer. Se lo había dicho de manera implícita. Pero necesitaba escucharlo de nuevo. Ella sabía que no quería hacerlo, pero también entendía que no podía oponerme. Respetaba mi decisión. Y Maxwell… él lo sabía todo. Ahora mismo se contenía, luchando contra su impulso de cargarme al hombro y llevarme lejos de allí. Lo conocía tan bien que podía sentirlo. Respiré hondo, tragué saliva y, con una sola respuesta, decidiría mi destino. O

