La cabaña

1811 Palabras
Un auto deportivo en color n***o, recorría las cumbres a las afueras de la ciudad a toda velocidad, después de dos horas de recorrido e incontables curvas con paisajes boscosos tundras llenas de vegetación, y pequeños riachuelos que caían sobre los peñascos, el deportivo llegó hasta una desviación casi imperceptible, se encontraba pasando el km 89. El deportivo n***o bajó la velocidad y entró en el camino empedrado, el polvo que el deportivo provocaba al cruzar por aquel camino se levantó creando una nube que abrazaba el deportivo n***o. Esté avanzó hasta que el camino empedrado terminó, el deportivo se detuvo, se estacionó debajo de un árbol, verde y frondoso. A 20 metros del lugar se encontraba una cabaña que si bien era rústica los acabados referían una cabaña costosa. Era un lugar muy acogedor; con colores ocre y ámbar, los muros se componían de madera, un tapanco brindaba la bienvenida y aún costado de la entrada un camino diminuto se abría hasta un estanque pequeño lleno de agua el lugar a simple vista era hermoso, tanto que invitaba al visitante a quedarse todo el tiempo que esté pudiera hacerlo, los sonidos del bosque, las aves y los animales endémicos del lugar se hacían presentes. Roberto bajó de aquel deportivo n***o, se abotonó el saco y acomodó las solapas se su traje inspeccionó lo que había a su alrededor y caminó hasta la entrada de aquella cabaña, sus zapatos italianos, pisaban la materia orgánica muerta que los árboles y plantas desechada a lo largo de todo el perímetro. Roberto llegó hasta la cabaña y con llave propia abrió el cerrojo de la entrada. El interior de la cabaña era completamente elegante, la fachada en realidad era una buena referencia del lugar; sobre la entrada continuaba un pasillo largo, del lado derecho se encontraba un recibidor en madera brillante, había un florero sobre aquel mueble y dentro como decoración naturaleza muerta, sobre esta mesa se encontraba también una revista, que parecía ser un ejemplar muestra, la portada tenía a un hombre de tez blanca, con el rostro limpio y afeitado, vestía un traje diseñado especialmente para aparecer en aquella revista, Roberto levantó la revista y la hojeo unos instantes una esbozó mueca burlona. Roberto dejó la revista y avanzó hasta la entrada del lado izquierdo una estancia hermosa lo esperaba, un lugar con muebles de madera y acabados de lujo, unas ventanas grandes y en ellas algún tipo de asiento con almohadas y frazadas esperaban por los invitados. Roberto observó la estancia y después el área opuesta del lugar que comenzaba en el retorno del pasillo, ahí se encontraba la cocina en colores blancos con acabados de algún tipo de cerámica que lo hacía parecer mármol, con algunos detalles negros que permitían la elegancia. Y al fondo una enorme habitación; con una cama enorme, un jacuzzi en color olivo, regadera y sauna integrado, un muro de cristal el cual brindaba la salida al campo abierto que conducía al lago, espejos empotrados sobre un costado de la habitación, toallas limpias, una mesa pequeña y un clóset pequeño, ambos a un costado de la regadera, era un lugar simplemente espectacular. Roberto inspeccionó a detalle cada rincón de la cabaña, y al terminar se sentó sobre el sofá que la estancia ofrecía, tomó su celular y realizó una llamada. -Ya estoy aquí -dijo Roberto inmutado -Perdona estoy muy cerca salí a comprar vino -se escuchó a través de la bocina y Roberto colgó la llamada; Roberto se quitó el saco y los zapatos italianos, y se echó en el sofá con una mano en el abdomen mientras la otra la llevó a su frente, después de algunos minutos se escuchó el sonido de un auto aparcado, Roberto se incorporó y caminó hasta la entra de la cabaña su rostro se había transformado, de aquel semblante serio y recio, a uno relajado y sonriente. La puerta del lugar se abrió un hombre alto con el cabello ondulado, de color rojizo, ojos marrones, de cara afeitada con cejas pobladas, y una sonrisa blanca de dientes grandes, entraba; en sus manos llevaba una botella de vino, pan y otros alimentos, vestía un traje n***o y camisa blanca, se notaba el cuello de la camisa desalineado, muestra de haberse quitado la corbata. Era un hombre con unos labios carnosos con el color del fuego y el pecho cubierto de vello rojizo, el cuál se asomaba entre la solapa, sus músculos no eran los de alguien aficionado al fisicoculturismo, era un hombre con una estructura ósea grande, y sus músculos definidos de manera proporcional a todo su cuerpo, brazos fuertes y piernas grandes, y un culo redondo muy bien proporcionado -Por fin estás aquí —mencionó el hombre. -Por fin, usted está aquí señor senador -dijo Roberto, mientras caminaba hasta la entrada, ayudó al senador quitándole de las manos los alimentos y el vino los colocó sobre el recibidor, miró fijamente los ojos marrones del atlético senador acercándose de forma sutil hasta tener sobre sus manos las caderas de esté. Lo miró fijamente, un silencio invadió el lugar, Roberto se acercó aún más y besó al senador presionando sus caderas, el senador rodeó con sus manos la espalda de Roberto y este bajó las manos hasta las nalgas del senador, el beso se prolongó y ambos avanzaron con sincronía cruzando el pasillo sin soltarse, separaron sus labios se miraron fijamente y una risotada los separó. —Acabo de ver la portada del próximo mes, y te ves muy sexy —expresó Roberto con una voz alongada. —Qué te parece, por fin comenzaré a realizar mi sueño —expresó el senador. —Me encanta, me encanta la foto y el color de las letras que escriben tu nombre, "Darren Connor" —dijo Roberto, levantando sus manos haciendo una señal de victoria y continúo. —Darren Connor, será el próximo Presidente del país —concluyó Roberto con una mueca efusiva y besó nuevamente a Darren. Roberto y Darren se sentaron en la estancia, abrieron el vino y un par de copas sirvieron para desinhibir el cuerpo. En medio de una plática que se consolidaba en temas del trabajo de cada uno, la botella empezó a reducir su cantidad de líquido ambos vestían camisas blancas que cubrían, sus bien formados músculos, la sonrisa de Darren y sus labios del color del fuego, penetraban la concentración de Roberto y aunque Darren hablaba sin parar de sus proyectos políticos, Roberto la mitad del tiempo no prestaba atención, su mirada la fijaba en el rostro de Darren y pensaba en lo guapo que era; Roberto coqueteaba de vez en cuando, le robaba algunos besos intersectando a Darren, haciendo que que esté perdiera el hilo de sus ideas, así pasaron alrededor de tres horas hasta que la noche entró por los ventanales y oscureció el lugar. Roberto suspiró profundamente al punto de cerrar los ojos por un momento —debo irme —dijo Roberto —pensé te quedarías esta noche —mencionó Darren apagando su sonrisa —no puedo quedarme y es muy probable que tú no quieras que me quedé —dijo Roberto — ¿Estás bromeando? Por qué no iba a querer que te quedarás, ese fue el plan desde un principio —dijo Darren con un tono molesto y el rostro enrojecido Roberto se levantó del sofá y se colocó frente a Darren, —hoy… termino contigo —expresó Roberto con voz entrecortada y su entrecejo fruncido — ¿De qué estás hablando? —preguntó Darren levantándose del sofá quedando frente a Roberto con una mirada agresiva. Roberto se hizo dos pasos hacia atrás —Ya te lo dije, hoy terminó contigo, tú y yo no podemos estar juntos, creo que es momento de terminar esto. Y por favor no me cuestiones, solo sé que ya no quiero estar contigo —dijo Roberto mientras su palabras poco a poco bajaban el tono y se quebraban al completarlas —Esto no está pasando —dijo Darren agitando la cabeza, mientras limpiaba sus ojos humedecidos. —Perdóname por esto Darren; pero esto terminó —concluyó Roberto; Darren guardó silencio por un momento y continúo —Es que no puedo creer lo que escucho de tu boca, no te conozco, no sé quién eres, ¿Porque me estás haciendo esto? —preguntó Darren —Solo quiero decirte que fue increíble mi vida a tu lado estos cinco años han sido un privilegio, y aunque ahora no lo creas, quiero que sepas que te amo, te amo más que a mí mismo pero no puedo seguir a tu lado -dijo Roberto mientras agarraba su saco. Después sentenciar con esas palabras que quemaban la piel de Darren; Roberto caminó hasta la entrada, tomó las llaves del automóvil que había colocado sobre el recibidor y abrió la puerta, se detuvo un momento antes de salir, Darren con lágrimas en los ojos se quedó pasmado sobre la estancia, no concebía lo que estaba pasando, su manos, su piernas y sus piernas pies, no responden, él quería correr y alcanzar a Roberto hasta la entrada para evitar que se fuera pero el cuerpo de Darren no le permitía moverse. Roberto dió media vuelta para mirar aquel lugar y cerró la puerta. Darren escuchó el azote de esta, y por un segundo pensó que Roberto regresaría y ahí parado sobre la estancia, esperó y poco a poco la esperanza de que Roberto estuviera mintiendo, de que Roberto le estuviera jugando una broma, se esfumó. Darren escuchó el ruido que hacía el auto de Roberto al encender y entendió en ese momento que lo ocurrido había sido en serio. Escuchó el sonido del automóvil alejarse y cuando el sonido ya no era audible en ese momento la fuerza de las piernas de Darren se agotaron tirándolo al sofá, Darren llevó sus manos a sus sienes, las lágrimas corrían por sus mejillas y en un llanto apagado, el silencio se apoderó de aquella cabaña. Roberto condujo sin detenerse, condujo aquel mismo camino que había cruzado horas antes para llegar al encuentro con Darren, las luces del deportivo eran lo único que alumbraba aquella carretera, comenzó a sentir que le faltaba el aire, y abrió la ventana, el aire entró con fuerza sobre Roberto y se llevó con él las lágrimas que sus ojos derramaban por Darren, Roberto estaba sufriendo por lo que acaba de hacer, había terminado con el hombre que significaba su vida entera hasta ese momento, había destruido con palabras, los miles sueños y planes que juntos habían alimentado, Roberto había cortado el vínculo con el hombre más importante en su vida, Roberto había terminado una relación con uno de los hombres más importantes del país. Había terminado su relación con el hombre que aspiraba a la presidencia de la república. Pero sobre todo había terminado con el amor de su vida.
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