—Hola —respondo al saludo de Roberto con nerviosismo, no estoy seguro de que hago en ese momento, no se si levantarme o quedarme sentado esperando que él se siente o necesito establecer un tema de conversación, al final no hago nada me quedo callado esperando que Roberto tome la iniciativa. —Disculpa que me haya demorado, no contaba con algunos problemas que surgieron de último momento en la empresa. ¿Qué estás tomando? —Pregunta Roberto sin darse cuenta que he pedido una botella para él, sigo callado, parezco un idiota, seguramente se pregunta en este momento, porque vino hasta acá para tratar con un hombre petrificado, tomo valor de donde no hay. —Pedí una botella de coñac para ti —le menciono a Roberto y mi corazón empezó a bajar las revoluciones. En realidad soy un idiota, no puedo

