Los dos días siguientes estuvieron llenos de sueño sin sueños y cambios de suero. Mi cuerpo ansiaba descansar para combatir los duros efectos de la plata y las constantes lesiones, y solo abría los ojos para observar a las enfermeras que atendían a Nox. Permaneció en un sueño plácido, con el rostro desprovisto de cualquier emoción mientras recuperaba el color. Me reconfortaba su ritmo cardíaco constante y el molesto monitor que me gritaba que estaba estable. Su cuerpo absorbió la sangre donada con facilidad, como sabía que lo haría. Sin embargo, el personal lo vigilaba de cerca. Teníamos que irnos en cuanto despertara, por cualquier medio, ya que este paquete me inquietaba. Rechacé las comidas que me ofrecieron cuando llegaron, dejándolas enfriarse en la mesa cercana. El personal tenía mie

