Capítulo 53

1587 Palabras

53 Fueron a tomar un café. Las manos de Slim temblaban mientras bebía, pero ya no por un deseo de bebida, solo por miedo. La mirada en los ojos de la anciana mientras se llenaba de lágrimas. Una mano frotándose la nariz, luego inclinando la cabeza, incapaz de mirar a Slim a los ojos. —Oh, lo recuerdo —dijo—. Pobrecillo. Tenía pocos detalles que dar, ni siquiera recordaba su nombre. —A nadie en el pueblo le gustaba quedarse en el extremo este del andén —le había dicho a Slim, con los ojos bajos como si recordara la manera en que lo hacía cuando esperaba al tren—. Se podía ver desde allí el patio de mercancías y a veces estaba por ahí. No siempre, pero sí de vez en cuando. Y siempre estaba jugando con su perro, ambos trepando por la basura y los viejos trenes. Tom Jedder. El monstruo al

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