25 La resaca fue devastadora. Slim vomitó en el pequeño lavabo, lo limpió tan bien como pudo, luego bebió tanta agua como pudo tragar, la vomitó y luego repitió el proceso, esperando limpiar un poco sus tripas. Se duchó y vistió, quedando tan presentable como le fue posible, antes de bajar tambaleándose las escaleras para tomar el desayuno gratuito de la pensión. Sintiéndose mejor con algo de fritura grasienta en su estómago, fue al parque del final de la calle y llamó a Kay Skelton, un antiguo amigo del ejército que ahora trabajaba como forense. —Slim, ¿eres tú? Cuánto tiempo. ¿Cómo te va? Slim sonrió, siempre contento de oír la voz de Kay. —Sobreviviendo —dijo—. Estoy trabajando en un nuevo caso en el distrito de Peak. Quiero pedirte consejo sobre una fotografía. Me refiero a tiempo

