11 —Eso es —dijo Charles Bosworth—. Sí que encontramos su bolso. Se analizó en busca de huellas dactilares. Pero las únicas que se encontraron pertenecían a Jennifer. Pudimos compararlas con otros objetos personales que nos dio su marido. El bolso estaba abierto y el cierre estaba roto. Sin embargo, la cartera estaba dentro, intacta. La forma en que se había derretido el hielo sin afectar a los contenidos dejaba esto claro. Un logro de la ciencia para entonces. —No he leído nada sobre ello en los periódicos. Charles Bosworth asintió. —Porque, para bien o para mal, no lo consideramos importante. —¿Pero por qué no? Bosworth sonrió. —Veamos si puede averiguarlo usted, joven. —¿Me está poniendo a prueba? Bosworth sonrió. —Puede ser interesante ver si usted tiene nivel para un caso co

