El viaje de regreso fue bueno y malo, aunque más bueno que malo porque no tuvimos que hacer más paradas educativas a excepción de la hora del almuerzo. Esta vez me tocó ir de regreso en el autobús de los chicos de once porque Lucila me pidió que la acompañara porque ella es mucho más estricta que Julien (él es muy blando) y Gabriela no logra que la respeten. Cuatro de estos chicos se agarraron a golpes anoche con gente local, tanto que llegó una patrulla y los detuvo un par de horas. Como era de esperarse, la pelea fue del grupo de Nicolás porque perdieron en un juego de azar. Lucila casi los consume a gritos cuando logramos que los soltaran en la madrugada, ellos mantenían la mirada fija en sus zapatos, le tenían miedo. Por eso ella era la que traía este grupo de regreso para evitar nuevo

