—Luke. —Llamó Merh. —¿Qué rayos haces? —Preguntó completamente sorprendida.
—¿De qué hablas? —Sin embargo, él estaba muy tranquilo.
—¡¿Cómo que de qué!? —Arremetió Merh. —¡Estás demasiado cerca!
Luke sonrió, se veía fanfarrón y hasta presumido.
—Solo quería recordar viejos tiempos…
—¡¿Estás loco!? —Gritó Merh, aventando al chico, y en otro arrebato, Luke se acercó mucho más.
—No me digas que no extrañas esto… —Sin duda era lo más cerca que había estado de sus labios. Su voz resonaba en su oreja, lo que le provocaba pequeñas descargas eléctricas.
Esta vez Merh no se resistió, pues se había quedado congelada. No podía soltar ni una palabra, y cuando comenzaba por fin a abrir los labios para pronunciar su reclamo, Luke posó su dedo índice sobre ellos.
—¿En serio no? —Lanzaba la pregunta, era obvio que quería incomodarla. ¿Lo iba a lograr?
—Creí que había quedado en el pasado. —Mencionó Merh, tragando saliva y apartando su mirada, la cual se había quedado prendada en los ojos fríos de Luke. Eso era lo único que recordaba, esa mirada no había salido de su mente en mucho tiempo desde la primera vez que cayó en cuenta lo mucho que le gustaba. Ojos negros, tan hipnóticos como siempre.
—Cierto… Pero le falta algo de emoción a mi vida. —Añadió Luke, despegándose al fin de Merh. —A ti también te falta emoción amiga… Te has vuelto muy aburrida. —A cada palabra que decía, le acompañaba una media sonrisa. ¿Qué le habían hecho a su mejor amigo?
—¿Me lo dices en serio? ¡No me has hablado en dos días!
—No me reclames, has estado extraña desde…
—Ya lo sé, pero que no me busques me lastima. —Adelantó Merh, impidiendo que Luke terminara su frase.
—Ya sabes que entre mi nuevo trabajo y Melanie no tengo mucho tiempo libre…
—¡Esas son solo excusas! —Reprochaba Merh, con un tono más infantil haciendo que su voz sonara un poco chillona.
—No, te juro que no son… Dame espacio para acomodarme… El fin de semana prometo vernos… —Decía Luke. —Por cierto… ¿Dónde dejaste a tu amiga? —Continuó, buscando entre la gente a Mellissa.
—Tuvo que irse, tenía cita con su novio… Digo, doctor.
Luke sonrió.
—¿Y qué haces tú aquí? —Preguntó el chico encogiéndose de hombros.
—No sé si sabes Luke, pero yo estudio aquí.
—Extrañaba ese sarcasmo tuyo. —Admitió Luke sonriendo, mirándola mientras ella volteaba los ojos. —¿Ves como si te has vuelto aburrida?
—¡Solo me preocupo por mi futuro! —Reprochó ella.
—No… Merh, En serio, te hace falta un poco de emoción. A tu noviecito ese seguro que le encantaría que te saltaras unas cuantas clases por verlo.
—Oh… Te equivocas. Ian sí que se preocupa por mi futuro. —Corrigió, esbozando una breve sonrisa mientras pensaba en el músico. —Además Luke, yo salgo a divertirme mucho más que tú. ¿Hace cuanto que no vas a una fiesta?
—Ni idea, pero créeme, esos tipos de fiestas a las que vas tú, no son mi tipo.
—Te recuerdo que tú y yo comenzamos a llevarnos después de haber ido a una de ‘mis fiestas’. —Merh se sintió confundida, Luke siempre había estado presente en las fiestas que Miriam hacía.
—No sé si lo habías notado querida amiga. —Alzó la voz Luke, levantándose de su asiento al ver que todos comenzaban a regresar a sus salones. —Solo iba a esas fiestecillas porque estabas tú. —Mencionó, para después irse por su camino. La clase de inglés comenzaba, y tenían que separarse.
Jamás se iba a acostumbrar a Luke, quien parecía divertido cada que recordaba el pasado que compartían. Le daba gracia burlarse de lo enamorado que estaba antes de Merh, pero eso solo confundía mucho más a la pobre chica que comenzaba a creer que en realidad esos sentimientos no se habían ido nunca. Sin embargo, ella solo se quedaba callada para evitar enfrentar la verdad. No le hacía nada bien a su amistad.
Merh suspiró y comenzó a caminar para dirigirse hacia su salón. Pensando en el cambio tan radical de Luke. No lo recordaba tan relajado, ni siquiera tan honesto y mucho menos tan despreocupado. Luke siempre había sido torpe, ¿por qué ahora parecía un chico distinto?
Al llegar a su salón de inglés y sentarse junto a Joshua, la maestra quien estaba revisando su celular, se levantó de golpe y comenzó a explicar el trabajo.
Esa clase era muy aburrida, eso era una verdad que jamás iba a cambiar. Los idiomas no le entusiasmaban. Pensó en lo que Mell se había perdido, sin duda ella había sido una genio tras inventar que tenía cita con el doctor. Charles e Ian las habían invitado a su ensayo, el cual comenzaba justo ahora: a las 15:00hrs. Se lamentó mucho no haber podido inventar una excusa a tiempo, en eso Luke tenía razón. Le faltaba emoción a su vida.
Terminando la clase, Merh se levantó como un rayo para dirigirse de nuevo a su salón principal, donde las últimas dos clases iban a tener lugar. Iba tan rápido, que no se fijó, y cuando menos lo sintió, había chocado con Luka, el novio de su enemiga número uno.
—Lo siento. —Se disculpó el chico, sonriendo un poco apenado y entregándole los cuadernos y libros que Merh había regado por el piso.
—Yo soy quien lo siente… —Se disculpó ahora ella, colocando el mechón rizado y n***o que cubría su rostro detrás de su oreja.
Escuchó a alguien carraspear la garganta detrás suyo. Rezó a todos los santos que conocía para no toparse con la persona que creía, lo malo es que la suerte la había abandonado desde hace mucho.
—¿Te ayudo? —Preguntó la voz bastante molesta e irritada de Melissa, quien le arrebató los libros del brazo a su novio y se los estiró a Merh. —¿Quieres también una disculpa? —Dijo con una ceja levantada, esperando que Merh tomara sus cosas rápido.
—No… Yo…
—Está bien Merh, está de mal humor. —Se disculpó Luka, guiñándole un ojo. —No te preocupes, no es personal.
Claro que era personal. Y ahora iba a ser mucho peor si Luka seguía tratándola de esa forma.
—Yo… Me voy, gracias por ayudarme Luka.
Merh salió despavorida del pasillo, aturdida por las miradas intensas que Melissa le había dedicado. Jamás se pudo arreglar con ella, y lo peor era que ella era literalmente la reina dentro del grupito al que antes ella pertenecía. No lo decía, pero odiaba como ella trataba a sus antiguas amigas Diana y Lynda; a pesar de que no habían terminado nada bien, no quería verlas mal. Aún les guardaba cariño.
Sus clases continuaron con normalidad, y al final logró sacarse a la detestable Melissa de su mente. Cuando iba saliendo de su salón, recibió un increíble y maravilloso mensaje de Ian, el cual escribía que la estaba esperando para irse juntos.
Merh suspiró y contestó tan rápido como pudo. Una sonrisa enorme se dibujó en su rostro, y con un paso seguro caminó hacía su encuentro.
Ian Brooke, vocalista de una banda de punk que comenzaba a elevarse en cuanto a fama y ventas. Un chico apuesto desde cualquier ángulo que lo miraras. Era un sueño, y debido a eso, Merh estaba en boca de todos los alumnos del Instituto de Formación Humana Integradora. La envidia que le tenían a Merh no era ni medio normal. Lo bueno era que ella no lo notaba.
Al ver a su cantante favorito frente a la puerta del instituto, con una amplia sonrisa y un ramo de rosas rojas en una mano, a Merh pareció que los ojitos le brillaron, así que corrió con entusiasmo hasta él, abalanzándose y plantándole un beso en la boca.
—¿Y esa efusividad tuya? —Preguntó un contento Ian, tomando a Merh por la cintura y pegándola más a él.
—Es solo que de verdad me sorprendiste. —Admitió la chica, mirando con ojos de amor a su novio.
—¿En serio? Porque hace un rato estaba dudando si era buena idea traerte rosas hasta tu escuela.
—¿Por?
—¡Todo el mundo está al pendiente siempre de todo lo que hago! Y sé que a mi novia no le gusta mucho que digamos…
—Que se jodan los demás, sabes que me gustan mucho las sorpresas.
—Si… ¡Y más si esa sorpresa te saca de la escuela!
—Así es, tú sí que me conoces.
—Me gusta consentirte. —Admitió Ian, encogiéndose de hombros y dirigiendo a Merh hacia su coche. —¿Estás lista? —Preguntaba con una sonrisa radiante.
—¿Tenemos un plan?
—Merh… Nunca tenemos ningún plan, pero sabemos que improvisar nos va de maravilla.
—Tienes razón. ¡Ansío ver que nos tienen Charles y Mell preparados!
—Yo igual, hoy ese chico se veía radiante.
—Siempre que se trata de Mell. Ella lo hace distinto.
—Si… Lo sé, es como tú y yo. —Soltó el chico, mirando a Merh con alegría.
—¿Ah, sí?
—Sin duda.
Después de esta pequeña conversación, su novio encendió el motor y se incorporó a la carretera, dejando en claro que la aventura recién había comenzado.