Capítulo 17

1433 Palabras
Narra ___: Salimos afuera de la torre y busqué con mi mirada un auto en donde según yo nos iríamos o esperando a que fuéramos a pie en una caminata tal vez, luego vi que el rubio se dirigía a una moto algo antigua y empecé a ponerme nerviosa cuando se subió en ella y me volteó a ver con una media sonrisa. —¿No vas a subir? — pregunta divertido. Si él supiera que nunca me he ido en una de esas, o una motocicleta en general. —Yo... Nunca me he subido a una motocicleta antes. — murmuré rascándome el brazo levemente sonrojada mientras el rubio me da una mirada comprensiva. —Tranquila, no hay porque temerles, solo sujétate bien y nada malo pasará. — dice tranquilamente tomando mi mano y me ayuda a subir con cuidado a esta. Me acomodo en el asiento atrás del rubio para estar más segura en la moto, o al menos lo mejor que podría ya que jamás me he subido a una, por mí me aferraría de por vida a la motocicleta. —¿De dónde me agarro? —No veía algún lugar para sujetarse, es más, ¿acaso estas cosas lo tienen? Steve agarra mis manos con delicadeza y las pasa por su abdomen lentamente, me sonrojo de golpe empezando a ponerme nerviosa. —¿Qu-qué haces? — susurro nerviosa viéndolo de igual manera. ¿Cómo es que puede estar tan calmado en estas situaciones? —Si no te quieres caer, deberás sujetarte de aquí. — susurra bajo de vuelta viéndome por su hombro. —Es-está bien.— el color rojizo no deja mis mejillas en ningún momento. Con eso, Steve arranca la motocicleta y yo me sujeto bien de su abdomen apoyando mi cabeza en su espalda, sintiendo el viento contra mi cara y con demasiadas ganas de mantener mis ojos cerrados en todo el trayecto, que quién sabe cuánto nos tardemos en llegar. Aunque debo admitir que me sentía relajada y en paz, y más con el calor que emanaba el cuerpo o la espalda de Steve, era algo reconfortante. Después de un buen rato que sentí yo que el rubio conducía, apagó el motor de la motocicleta y estacionándose afuera de una cafetería llamada "The Coffee Shop", no conocía ese lugar y la verdad no era de recurrir a esos lugares, además que no se veían muchos de esos lugares allá en Sokovia. Steve bajó de la moto y me ofreció su mano ayudándome a hacer lo mismo. —Gracias Steve. — murmuré sonriendo amable y recibiendo una igual de su parte. Steve abrió la puerta de la cafetería y me dejó pasar primero como todo un caballero, entramos al bonito lugar y vimos que la cafetería no estaba tan llena que digamos, fuimos a sentarnos a una mesa con vista hacia afuera, donde se veía un pequeño parque donde había más personas ahí que aquí adentro. —Que linda vista. — dije viendo hacia el parque cercano con niños corriendo de un lado a otro, se veían felices y alegres jugando entre ellos. —Creo que tengo una mejor. — murmura viéndome de reojo con un leve sonrojo, consiguiendo que mis mejillas estuvieran iguales. Es que este chico me quiere ver sonrojada todo el día. Ahora si estaba más nerviosa que antes cuando estaba subida en la motocicleta y eso fue aterrador. Antes que le pudiera contestar llegó la camarera a nuestra mesa, una señora de unos 48 años y con una sonrisa muy maternal en su rostro. —Hola Stevie, que bueno verte de nuevo. — dice con una voz suave la señora viendo a Steve —Y veo que trajiste a una amiga. — me mira con una sonrisa maternal, contagiándome con su sonrisa. —Si Gladys, me alegra volver y ella es ___, la quise traer aquí para que pruebe los mejores cafés del mundo. — sonríe el rubio viéndome, asentí sin quitar mi sonrisa. —Un gusto ___.— me saluda con un asentamiento de cabeza y una sonrisa —Pues entonces les traeré dos de los mejores cafés.— anuncia yéndose a paso algo lento. Volteo a ver al rubio con una sonrisa divertida mientras él me mira algo confundido —¿Qué? — dice sonriendo con el ceño fruncido. —¿Stevie? — sonrío tratando de no reírme por el apodo y veo como el rubio se sonroja levemente, al menos esta vez fue él y no yo. —Ella es Gladys, ella siempre me atiende cuando vengo aquí. — Steve ignora olímpicamente mi comentario mientras mira de reojo a la mayor que se acaba de ir. —Se ve que es muy amable. — concuerdo con una sonrisa asintiendo. —Lo es, tiene dos hijos mayores, la llegan a ver de vez en cuando y por eso se alegra mucho cuando vengo. —me comenta viendo sus pies algo tímido. Nunca me puse a pensar en lo difícil que la ha de estar pasando Steve. Estar congelado 70 años y no tener a nadie de su época ha de ser difícil y triste. Me imagino que al principio fue lo más doloroso tener que adaptarse a la nueva tecnología, las costumbres, el que no hubiera más guerras (al menos entre soldados y países, ahora evolucionó a alienígenas) y muchas cosas más. Incluso el no tener amigos con quien hablar y pasar el rato ha de sentirse algo solo y me hace sentirme compasiva con él, con un sentimiento de demostrarle que al menos puede contar conmigo como una amiga si quiere, es lo menos que se podría hacer. Tomé su mano suave y le di un leve apretón que lo hizo levantar su mirada hacia mí. Le di una sonrisa de lado suave. —Me alegra estar aquí contigo Steve, estar un momento de tranquilidad después de tanto caos, es bueno tener a alguien con quién ser “normal” aunque sea un momento. — murmuré sincera sin dejar de verlo compasiva. —A mí también ___.— responde con una sonrisa mostrando sus perfectos dientes, como le escuché decir a Stark una vez. La señora Gladys trae nuestro pedido junto con un pequeño pastelito cortesía de la casa, el cual le agradecemos ambos con una sonrisa asegurándole que cualquier cosa le haríamos saber. Pasamos hablando de cualquier cosa en todo ese rato mientras tomábamos en efecto, el mejor café que he tomado en toda mi corta vida. Steve pagó nuestro pedido cuando terminamos nuestra comida y salimos de la cafetería agradeciéndole a Gladys y asegurándole que regresaríamos ambos otra vez, nos dirigimos hacia el parque que estaba cerca de ahí para caminar un rato. —Se siente bien un poco de aire fresco. — dice mientras cierra sus ojos sintiendo el aire chocar contra su cara. Dios, se ve muy bien, Natasha no mentía cuando decía que Steve era el sueño de cualquier mujer. Pero mejor me quito esos pensamientos de la cabeza. Jamás va a pasar. Pero eso no le quita lo malditamente bueno que está. —Dime, ¿qué quieres hacer ahora? — dice viéndome con una sonrisa. ¿Acaso alguna vez deja de sonreír este hombre? De repente sentí como en mi cabeza empezó a salir un dolor como corrientes eléctricas que se sentían por todo el largo de mi cabeza, creo que incluso peor que una migraña o triplicada, varios recuerdos volvieron a mi mente de golpe lo cual hizo que cerrara mis ojos de golpe. Cuando mi hermano ayudaba a salvar a las personas del ataque de Ultrón... Mi hermana siendo torturada por sus poderes en la base donde nos tenían cuando nos ofrecimos como voluntarios... Cuando mis hermanos y yo nos ofrecimos para las pruebas de HYDRA… Sentí una punzada mortal en mi cabeza que me hizo caer de rodillas al césped del parque mientras sostenía mi cabeza entre mis manos quejándome alto. —¡¿___?! ¿Estás bien? — escucho la voz preocupada de Steve a lo lejos y un tacto casi intocable en mi espalda. Grito por las miles de punzadas que venían a mí rápidamente en mi cabeza. ¿Qué diablos pasaba? A este momento seguro había asustado a casi todas las personas que habían alrededor de nosotros en el parque. —¡Steve! ¡Mi cabeza! — grité casi en un susurro con lágrimas saliendo de mis ojos cerrados mientras tomaba mi cabeza con las dos manos. Y un último recuerdo llegó a mi mente antes de perder el conocimiento de todo. Las personas que más amo, mis hermanos...
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR