Rachel Mac Millán Suspiré. La noche estaba tranquila. Esto era lo único que me gustaba de haberme mudado; que el vecindario era sumamente pacifico y seguro. Después de todo no creo que nadie fuera lo suficientemente tonta cómo para intentar entrar aquí sabiendo que hay oficiales en cada puto rincón. Daniel seguía en mi cama, dormía. Todavía sentía los escalofríos en mi cuerpo al recordar cómo había llegado, no se que le habrá sucedido ya que en ese momento no considere que era el adecuado para preguntarle. Mi corazón se encogía al recordar cómo suplicara que no lo abandonara. Mentiría si dijera que no estaba cagada, todo esto había sucedido de un día para el otro. Daniel pasó de ser lo que era un juego para mí, a ser la persona quien ha logrado establecerme y aceptar que a veces lo

