Cerré los ojos con fuerza al oír el disparo y los abrí al oír un grito por parte de Masón. La bala no me había dado ni rozado. Había chocado contra el mueble que estaba tras de mi. Pero mi navaja se encontraba en el cuello de Masón. Corri hacia él, su arma ya no estaba y no hice más que tomar el cuchillo y presionarlo con más fuerzas. —¡Hijo de puta!—Grité mientras le hacía vueltas sin parar a aquella navaja. Él gritaba y se doblaba del dolor.—¿Dónde está mi hijo?—Pregunté una vez más. —Te dije que estaba con su... Padre.—Susurró tratando de respirar.—No le haría daño a un bebé.—Susurró. Busqué el arma con desesperación y la encontré bajo el mueble. La empuñe y apunté sobre su cabeza.—Dame una puta razón para no matarte.—Escupí sin más. —Te amé.—Susurró.—Te amé más de lo que debí

