Le habían avisado que su juicio estaba listo, que en unas cuantas horas, su destino se decidiría, por lo que le ordenaron que se aseara para estar presentable ante el rey y sus subordinados, por lo que le acomodaron una cubeta de agua fría para que se sacara toda la mugre del pelo y del cuerpo, además de que le acercaron una nueva túnica que a diferencia de la que llevaba puesta, lucia limpia pero no le quitaba que fuera vieja y amarillenta. Joanna se mantuvo quieta mientras un soldado le sacaba las cadenas de los tobillos y las muñecas sin ninguna consideración, luego miró como él se reunía con otros dos guardias que la apuntaban con sus armas, alertas de cualquier movimiento que ella hiciera. -Lávate-. Le ordenó quien la había desatado, Joanna respiró profundamente, todavía tenía el g

