Mi primer instinto fue salir corriendo de mi casa, ir a casa de Jonathan y quedarme ahí hasta que mis padres volvieran, pero mi vida se estaba reduciendo a unos pocos minutos de vida, al momento que escuche unos golpes en la puerta.
Ya ni siquiera tendría tiempo de salir, quizá tienen un bat igual al que usaron al asesinar a Alejandro, quizá un arma o un cuchillo.
Arrugué la nota y la metí en mi bolsillo trasero, corrí al cajón de los utensilios en la cocina y lo abrí despacio, tomé un cuchillo.
Escuché la perilla girar, y me lancé a la puerta, impidiendo que fuera abierta.
—¡Llamaré a la policía! —grité rápidamente. La puerta fue empujada bruscamente y caí al suelo de culo. —¡No me maten!
Tiré unos cuantos golpes con el cuchillo mientras tapaba mi cara con la otra para tratar de cubrirme de un posible ataque.
—¡Dylan! ¿Qué mierda haces? —gritaron y me detuve.
Me quité la mano de la cara, y abrí los ojos, oh mierda, mierda, mierda.
Gabriela y Jonathan estaban en la puerta de mi casa, Jonathan ahora tenía una herida en su brazo.
—¡Perdón! —grité de pronto. —En verdad lo siento, no sabía que eran ustedes.
Gabriela me tendió la mano para ayudarme a ponerme de pie, luego me miró confundido.
—¿Así recibes a los invitados? —preguntó Jonathan mientras cubría su herida, de la cual ya empezaba a salir sangre.
—No, lo que pasa es que... —me detuve cuando me acerqué a Jonathan, tomé su brazo y examiné su herida. —¡Dios! Debo tener cuidado con este cuchillo.
Me alejé de ellos y dejé el cuchillo en la mesa del comedor.
—Tengo alcohol y gasas, ya vengo —dije rápidamente, corrí al baño de la planta baja, y ahí estaba el botiquín médico, saque algodón, gasas y alcohol, luego regrese hasta donde Gabriela y Jonathan se encontraban.
—Estoy bien, Dylan —dijo Jonathan sonriendo. —Solo fue un pequeño rasguño, pero dinos, ¿Por qué estabas tan asustado? Estabas gritando que no te matarán, ¿Todo bien?
Negué con la cabeza.
—¿Estás solo? —dijo Gaby rápidamente, interrumpiéndome de hablar.
—Si, olvidé preguntarles a los demás sí vendrían, me quedé dormido todo el día, y justo desperté hace unos minutos —dije mientras sacaba la nota que ahora estaba en mis manos, hecha bolita. —Les contaré algo, pero por favor necesito que no digan nada.
Gaby me miró asustada, y Jonathan tan solo asintió, mientras tenía extendida su mano hacia mí.
—Antes deberías ponerme un poco de alcohol.
Sonreí nerviosamente, destapé el alcohol, y con algo de algodón comencé a limpiar, era muy pequeña la herida, no había porque preocuparnos, no me quiero imaginar que habría pasado si ellos no hubiesen llegado, estoy seguro que alguien estaba aquí.
—Gracias —dijo Dylan sentándose en el sillón. —Ahora si puedes decirnos porque casi me asesinas en tú puerta.
—Encontré esto al despertar —le entregué el papel arrugado a Jonathan, quien lo leyó, luego se lo pasó a Gaby.
—¿Sigues en qué? —preguntó Gabriela.
—Creo que es bastante obvio, alguien quiere hacerle daño a Dylan, aquí mismo sucedió lo de Alejandro, quizá no fue un robo como la policía dice —mencionó Jonathan, lo mire raro al escuchar eso de su boca, ¿Cómo era que lo sabía? Él rápido notó mi mirada confundida y se dispuse a explicar. —Tú madre le contó a mi madre todo lo que pasó, más bien lo que la policía les dijo, que vinieron a robar a casa y como él estaba aquí solo, lo mataron para que no los delatará.
Asentí mientras daba unos cuantos pasos a la cocina, a tomar un poco de agua.
—Pensé que ustedes eran ese alguien que venía a matarme —dije asustado.
—Nadie te hará daño, Dylan, yo te cuidaré.
Sonreí, y bebí el agua que me había servido en un vaso de vidrio. La puerta comenzó a sonar, alguien estaba afuera, al escucharla los tres nos sobresaltamos.
—¿Quién es? —gritó Gabriela asustada, ella ya había tomado el cuchillo que hace instantes yo tenía en mis manos.
—Soy Pablo, abre la puerta —dijo mientras movía la perilla sin éxito.
Me acerque y la abrí, al momento que lo vi, me lance y le di un abrazo, creí que no vendrían.
—¿Dónde está Melanie? —pregunté rápidamente.
—No sé, no debe tardar mucho, dijo que ya venía, un momento, ¿Qué hace el chico nuevo en tu cocina? —antes de responder miré las manos de Pablo, dónde por supuesto, no podía faltar su celular.
—Es Jonathan, lo invité a pasar la noche con nosotros.
Pablo asintió al mismo instante en que su celular vibró, él leyó, luego me miró.
—No creo que te agrade esta noticia —Pablo me extendió su celular. —Tal parece que no eres el único que invitó a alguien.
Bien, el mensaje decía que Melanie había decidido invitar a Erick y a Jude a mi casa, podía negarme, pero entonces ella no vendría para no dejarlos solos.
—Dile que está bien —dije entrando a casa, Pablo pasó y se sentó en el sillón.
Caminé hasta Jonathan, cuando estaba por hablar, él se acercó a mí y me abrazó.
—¿Qué haces? —pregunté confundido.
—Me recuerdas a él —dijo, refiriéndose a Alejandro, asentí y solo me dejé llevar por el tierno abrazo que estaba recibiendo. —Al mudarme acá creí que tendría nuevas oportunidades con él, pero el destino es un hijo de puta y pasó toda esta mierda, ahora todo está nulo.
Moví mis manos para acariciar su espalda, quería darle mi apoyo, lo entiendo perfectamente, Alejandro era mi mejor amigo y me duele muchísimo que haya muerto, pero la vida tiene que seguir, por eso no estoy llorando siempre, además él no hubiese querido eso.
Jonathan se separó de mí, o al menos eso creí cuando levanté mi cara para verlo, su rostro quedo a centímetros del mío, y rápido me aleje.
—Aquí fue donde pasó, si buscamos bien, quizá aún haya un poco de sangre —dijeron desde la puerta, me giré para ver y era Erick, acompañado de Melanie y Jude.
Saludé con la mano a Mel, y me miré confundido a Erick y Jude, quienes miraban a la cocina.
—¿Podemos pasar a la cocina? —preguntó Jude.
—Claro que no —gritó Gabriela. —Si quieren quedarse a ver la película, vayan al sillón ahora. No quiero que estén de raros en la cocina.
—Pero queremos ver todo, la sangre y los sesos que quizá quedaron.
—Estás consciente que pasó ya hace una semana, ¿Verdad? Espero que sí, porque en el piso de la cocina lo único nuevo que hay, es una alfombra, no hay rastros de sangre, ni de nada de lo que estás diciendo —dije molesto. —¿Saben qué? No quiero que ustedes estén aquí, quiero que se vayan.
—Si ellos se van, también yo lo haré —dijo Melanie.
—Si así lo quieres, bien, adiós.
Mi celular vibró con insistencia, lo miré rápido y tenía más de quince mensajes con la misma frase.
"Eres el siguientes"
Levanté mi vista, miré a Pablo, estaba en su celular, Erick igual, Melanie igual, Jude y Jonathan también.
¿Podrá ser alguno de ellos?