Capitulo 6 Serás mía

1110 Palabras
Glen pasó lenta y suavemente la lengua por el suave y delgado cuello de Isabella, sintiendo el ligero sabor salado de su piel. Isabella respiraba de manera entrecortada, el aire entraba y salía de sus pulmones con un ritmo errático. Su cuerpo temblaba con cada caricia, la piel iba erizándose bajo el toque de Glen. _ Me estás volviendo loco Bella... Desde el momento en que te vi, quise hacerte mía ... _ le susurró con voz ronca y entrecortada, visiblemente excitado. Isabella cerró los ojos, intentando asimilar lo que estaba sucediendo. El perfume amaderado de Glen la envolvía, mezclado con su propio aroma, creaba una atmósfera intoxicante. Sabía que aquello estaba mal, pero su cuerpo traicionero ardía con deseo. Su mente era un torbellino de pensamientos confusos, pero su cuerpo respondía con una urgencia que no podía ignorar.Se arqueó contra Glen cuando este, sin previo aviso, le introdujo suavemente un dedo en su v@gina, ya extremadamente humedecida. Liberó un ahogado gemido cuando él comenzó a moverlo de manera ondulante, cada movimiento enviaba olas de placer por todo su ser. _ Por favor, por favor ... dejame _ le susurró rogando _ esto está mal, ¡yo no puedo! _ trataba débilmente de separarse de él _ por favor. Glen, embriagado por el aroma de la piel de Isabella y el calor de su cuerpo, apenas registró sus palabras. Volvió a besarla, sus labios demandantes silenciaron las protestas de ella. De pronto, sacó su dedo del húmedo canal femenino y se lo llevó a la boca, saboreándolo muy despacio, sus ojos se cerraron con un placer casi palpable. _Oh, por Dios, eres tan deliciosa y dulce _murmuró, mientras con manos hábiles le desprendían suavemente la blusa _ Ahora necesito probar tu piel... Ella se tiró hacia atrás cuando él le mordió suavemente el pezón por sobre el encaje de su corpiño, la mezcla de dolor y placer hizo que su cabeza diera vueltas. Cada mordisco, cada caricia, enviaba descargas eléctricas a través de su cuerpo, haciéndola sentir que colapsaría bajo el peso de su deseo. _ Dejame poseerte Bella _ le dijo entre jadeos _ ya no lo soporto dejame hacerlo. Ella estaba con la mente en blanco. Entre el placer que sentía y las ansias que tenía por ser suya, ni siquiera podía pensar ni resistirse. La culpa la consumía, pero no podía negar la urgencia que sentía. De repente, y en un acto reflejo, abrió los ojos y lo supo: si dejaba que ese hombre la tomara ahí mismo, no habría vuelta atrás. Glen era como un maremoto que arrasaba con todo a su paso; terminaría enredada con un hombre que tenía fama de ser un mujeriego empedernido. No, de ninguna manera estaba dispuesta a ser una más en su lista. Juntó la fuerza de voluntad que no tenía y lo apartó para distanciarlo lo suficiente. _ ¡No! _ le dijo con firmeza ante la atónita mirada del hombre _ ¡Te dije que no! Déjame por favor, déjame _ sus ojos comenzaron a humedecerse por la impotencia que sentía _ No soy de esas mujeres, no soy una cualquiera. Ante la sorpresiva reacción de Isabella, Glen no supo que hacer. Verla a punto del llanto, con desesperación y tristeza en sus ojos, lo desarmó completamente. _ Bella, por favor ... no te pongas así _ le dijo con la mayor calma posible _ No quiero que estés mal, te lo ruego... yo pensé que tú... discúlpame. Ella apretó sus labios e hizo una mueca mientras se abotonaba su blusa. _ ¿Qué pensabas Glen? _ le dijo indignada _ ¿Qué era una de tus tantas mujeres? _ negó con su cabeza _ No... no tengo que disculparte porque yo dejé que avanzaras, ¡pero ya no más! Vete por favor... vete ... Glen no se iría de allí dejándola en ese estado, quizás ella no comprendía la magnitud de lo que había provocado en él, trataría de decírselo, aunque no fuera un buen momento. _ Bella, tú no eres cualquier mujer, desde que te vi sentí algo inexplicable y sé que a ti te pasó lo mismo, ¡no lo niegues! _ le dijo con firmeza _ sé que fue así. _ Tú, ¿Qué sabes? ¡Estoy casada por Dios santo! Entiéndelo _ suspiro hondamente _ ¡mi marido está ahí con mis hijos! Glen se llenó de celos con la sola mención del otro hombre. ¿Cómo podía amar a un hombre que ni siquiera la miraba? _ Isabella, No puedo explicar lo que me sucede contigo, pero debes creerme cuando te digo, que es algo distinto a todo lo que he sentido en mi vida _ se acercó un poco más a ella _ ¿Crees que me arriesgaría a hacer esta locura por cualquier mujer? Si esto se supiera, mi reputación quedaría por el suelo. Pero en este momento es lo que menos me importa. Ella mirá hacia abajo y seguía meneando la cabeza en señal de negación. Glen se acercó más aun logrando acariciarle suavemente la mejilla. _ Prometeme que me darás una oportunidad, para vernos y hablar más tranquilos ... prométemelo. Ella lo miró a los ojos desencajada. A sus ojos, acababa de cometer un acto deleznable y deshonesto, no podía volver a repetirlo. Iba a responderle cuando un fuerte golpe en la puerta los alertó. _ Isabella _ dijo Andrew con fuerza _ ¿Estás bien? ¡Te estamos esperando! _ ¡M@ldita sea! _ musitó Glen. Ella se aterró Glen le tomó suavemente la mano para calmarla. _ Si _ dijo con voz trémula _ Solo que me he sentido un poco mareada, supongo son los nervios, pero ahora voy. _ Bien, apresúrate sal para que pueda verte y asegurarme de que estás bien. “Ahora se hace el marido preocupado” pensó contrariado Glen. _ Si ya voy... _ Bella por favor _ musitó el actor rogándole _ veámonos, para hablar. Ella se terminó de acomodar la ropa y se miró al espejo. _ No Glen. Por favor, mantente lejos de mí y de mi hijo _ le dijo ella con firmeza. El la agarró de la muñeca para retenerla, pero ella se libró con fuerza de él. _ Por favor Bella... por favor piénsalo _ suplicó él. _ Adiós Glen _ dijo Isabella _ saliendo de allí sin mirarlo. El hombre esperó un momento para salir y antes de irse miró hacia la mesa donde estaba ella con su familia. _ Lo siento Bella, pero no puedo alejarme de ti _ musitó con firmeza _ no me detendré hasta que seas mía y solo mía
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