Glen se detuvo en el pasillo, su corazón comenzó a latir con una fuerza inusitada, sus manos le sudaban, apenas si podía respirar de la emoción que sentía. Allí estaba Isabella sentada esperando que el doctor la atendiera. La mujer se había inclinado y se acariciaba el vientre, mientras parecía estar diciéndole algo. Esa escena a Glen no solo lo desarmó, sino que lo llenó de ternura, todo lo que en sus sueños se había imaginado vivir junto a ella le estaba siendo negado por un capricho malicioso del destino. Él se fue acercando a ella lentamente, tratando de ver que hacer y decirle, había sido fácil ensayar frente a un espejo, pero hacerlo era otra historia. Tenía temor de delatarse, se sentía tentado en sacarse todas esas prótesis que Bea le había colocado y mostrarse tal cual era y d

