Capítulo 28. –Ya es hora de que despiertes. Sé que me escuchas preciosa. –De a poco creo poder mover mis ojos y parte de mi cuerpo. –¡Vamos eres fuerte y valiente Victoria! –¡Esa voz!… no la reconozco del todo. (Abro mis ojos). –¡Eso es! –¡Mmm… mmm, mi cabeza… duele! –Me quejo, el dolor es punzante. –¡Sí, pero eso no es nada!... la peor parte ya paso y es lo importante… ¡Ya estás de vuelta, con los tuyos! –No entiendo de qué me habla. –¡Tengo sed! –Es horrible, tengo la garganta seca. (Me dan agua). –¿Por qué de vuelta? ¿Quién eres tú? –Trato de enfocar mi vista, pero entre el dolor y lo agobiada que estoy, no lo logro. –¡Hija mía, por fin reaccionas! –¿Esa voz? –¡Mamá! ¿Eres mi mamá? –¡Por supu

