Capítulo 11.

1897 Palabras
Charlotte: Escuchar así a Jonathan me removió un poco el estómago, lo sentí cabizbajo y un poco frustrado, me había pedido hablar con el pero no lo creo, aún no estoy lista para hablar con el ni con nadie, necesito un respiro después de todo esto. Hoy iría a la casa de Lucian con mis trabajadores para empezar la decoración de su casa, ya me imagino lo enorme que debe ser. Terminé de arreglar mi falda de tubo negra con mi camisa de botones blanca y un listón en el cuello, hice ondas en las puntas de mi cabello y coloque mi labial claro. -Charlotte eres una diosa -sonreí viendo mi reflejo. Me gustaba como me sentía, con el autoestima por el cielo, me costó años tenerla pero lo logré. El timbre de mi departamento sonó, frunci el ceño porque yo no recibía visitas en mi departamento, Larry lo sabe, no me gusta que vengan aquí, no es por ser mala, si no que no me gustaba que nadie viera mi intimidad, mi departamento era solo mío y para mi. Salí de mi habitación rumbo a la puerta y cuando abrí me encontré con mi mamá. Hace tiempo que no la veo. -Buenos días Charlotte. Pasó a mi departamento sin ser invitada, cerré la puerta con fuerza y me cruce de brazos. -¿Que haces aquí Monserrate? -Tenemos que hablar -pasó los dedos por una mesa y luego los limpió con un pañuelo. -¿Sobre que? Se sentó en mi sofá, mi madre es mexicana, jamás supe si nació aquí o vino de México, tampoco sabemos si tenemos más familia a parte de ella. Monserrate es hermosa, de piel morena y alta, siempre fue esbelta y se viste elegante, siempre tiene su cabello castaño recogido. Desde niña envidiaba todo de ella, quería verme como ella, vestir como ella y tener ese hermoso cabello, pero nací parecida a mi padre, soy idéntica a el. -Eres una inconsciente Charlotte -dijo seria- tu padre esta indignado por lo que hiciste. -No estoy entendiendo nada. Me senté frente a ella. -No te hagas la que no sabes.. Tu padre perdió una suma importante de dinero y -la interrumpí. -¿Que tiene que ver eso conmigo? -No me interrumpas niña.. Tu padre perdió un socio hace días, Colton Muller. —¿Qué? ¿Colton? Espera.. ¿De dónde conoce Colton a Armand? —Tu padre y Colton eran socios, habían firmado una alianza comercial en la empresa para generar ganancias, eso estaba más que bien hasta que decidiste arruinarlo —se levantó— Colton nos dijo que estaba saliendo contigo y que pronto pediría tu mano, hasta que lo agrediste y lo denunciaste. Por supuesto que Colton retiró la sociedad, llevándose una gran cantidad de dinero. Esto estaba jodido, Colton y Armand se conocían desde hace tiempo, con razón tanta insistencia en que hiciéramos público lo nuestro, como siempre mi padre haciendo negocios a través de mi. —Me importa una mierda Monserrate —me levante y me acerque a ella— Colton y yo jamas tuvimos una relación, además, el muy idiota se merecía que lo denunciara por agresión a mi persona. —¡Eres una estúpida! —alzó la voz— esa era una gran inversión que había hecho tu padre.. Además ¿Agresión? —Pues si, me había lastimado y yo no iba a permitirlo. —Pues debiste soportarlo querida.. Porque eso era un negocio jugoso que estaba concretando tu padre, tiene que cobrarse los años que los crió a ti y a.. Tu hermano. Odiaba a mis padres, los odiaba con todo mi ser. Siempre queriendo sacar provecho de nosotros. —Pues de mi no van a aprovecharse para seguir llenándose de dinero —dije molesta— tampoco me van a estar sacando en cara la supuesta crianza que nos dieron porque les recuerdo que bastante humillaciones y maltratos llevamos por parte de los dos ¿O es que ya se te olvidó? Ella me miró con odio, como siempre lo hizo, jamás me ha mirado con amor o cariño, ella jamás me ha querido. —Tu definitivamente no sacaste nada de mi —negó— me decepcionas Charlotte, creí que serias una mujer pensante y obediente. —¿Así como tu? Una mujer sumisa que obedece cual perro cada orden que da su esposo —reí— perdoname pero yo jamás quise ni quiero ser así... ¿Qué querías? ¿Qué soportara los malos tratos de Colton? ¿Golpes? ¿Humillaciones? No madre, esa eres tu que permite todavía esos tratos, en eso tienes razón, no saque nada de ti. Me dio una bofetada. —¡A mi me respetas muchacha insolente! Yo amo a tu padre.. —Amas la maldita comodidad Monserrate —sobe mi mejilla— has aguantado por años humillaciones, golpes e infidelidades por parte de Armand solo por mantenerte así, lujosa y cómoda —reí— agradezco no ser como tu, madre. Yo la admiraba, la amaba desde niña, pero cuando veía como papá la golpeaba y ella no se defendía, decía que lo merecía y me decía que una mujer debe soportar todo por tener a su esposo a su lado y mantener a la familia unida, desde ese entonces decidí que yo no sería así, yo era dueña de mis pensamientos y decisiones, nadie más. —Tu debiste casarte, tener hijos.. Complacer a un hombre, para eso estamos las mujeres. —¡Basta Monserrate! —le grité con furia— no quiero escuchar tus malditos pensamientos machistas, porque me dan asco.. Esa eres tu que piensa de esa forma pero yo no. Yo no nací para servir la cena, lavar ropa, abrir las piernas y parir.. Metete eso en tu cabeza, ninguna mujer nace para eso.. ¡Entiendelo! —Estoy decepcionada de ti y de Larry, jamas pensé que fueran desagradecidos con nosotros. —me reí— No me jodas Monserrate ¿desagradecidos? Es increíble.. Lo dices tu que me golpeabas cada vez que le llevaba la contraria tu esposo, que debía quedarme callada cuando un hombre me hablara porque el era la "autoridad" —hice comillas—, de como jamás me defendiste cuando el socio de Armand intentó abusar de mi yo teniendo catorce años dime ¿que me dijiste? Que debía quedarme callada porque el era un socio de Armand y había que mantener silencio, mientras que yo me moría por dentro... De como jamas defendiste a Larry de la paliza que le dio ¡Tu esposo! —la señalé— solamente porque Larry decidió ser feliz que estar encerrado siendo alguien que no es.. Solamente por amar a una persona —sentí mis lágrimas caer— Armand es tan culpable como tú.. Y ¿Nos dices desagradecidos? Solamente por darnos de comer y donde vivir por un tiempo.. Tu eres un perro faldero que sigue las ordenes de Armand sin importarle los demás, solo tu, tu maldita comodidad y reputación, tu me decepcionas Monserrate. Como lo esperé, no hubo alguna expresión en su rostro, frío y duro como siempre. Camine hasta mi puerta y la abri. —Quiero que te largue de mi departamento, jamas vuelvas a cruzarte en mi camino o en el de Larry, nosotros dos estamos bien sin ustedes.. Largate madre. Ella tomó su bolso y salió de mi departamento, yo cerré con fuerza y fui a sentarme en mi sofá. Me estaba empezando a doler la cabeza a horrores, mire mi reloj y se me estaba haciendo tarde, sin perder más tiempo recogí mi bolso y las cosas que usaría para trabajar. Salí de mi departamento y bajé hasta el estacionamiento donde me encontré a Fenn haciendo rondas, aun no creía que fuese el padre de Jonathan, aunque viéndolo bien, se parecen un poco. —Buen día señorita Charlotte —sonrió— ¿A trabajar? —Así es Fenn —el asintió— ¿buena guardia? —Un poco pesada ya sabe —asentí— en un momento viene mi relevo.. Oiga, quería preguntarle algo si me lo permite. —Claro. —Usted y mi hijo ¿se conocen? Digo, por la forma en que se veían el día de la exposición. Joder. —Ah si, conozco a Jonathan desde hace tiempo, solo que me impresionó saber que el era el artista. —Oh sí es que.. Hizo eso porque quería ocultarse —lo mire sin entender— olvidelo.. Estoy hablando mucho. —No se preocupe, me tengo que ir, tenga buen día. —Igualmente señorita. Fui hasta mi auto y deje todo sobre éste, me subí para ir rumbo a la casa de Lucian, debía prepararme mentalmente para estar con el casi todo el día. Me guie por el GPS hasta un conjunto de residencias donde hay casas enormes. —Lucian que idiota eres.. ¿No había una casa más grande? En definitiva ésta casa era grande, de dos plantas y de color blanco, parecía al olimpo, estacione mi auto y pude ver que habían personas pintando y trabajando afuera de la casa, Lucian salió de la casa a recibirme, llevaba una camisa blanca arremangada a los codos y pantalón n***o con zapatos del mismo color. —Bienvenida a mi humilde hogar preciosa —sonrió. —Si.. ¿Entramos? Hay mucho que hacer.. El asintió y pase a la enorme casa donde en el medio de la sala había una enorme escalera, el piso era de mármol gris y habían muebles negros medio tapados por telas blancas. —Lamento el desorden pero.. Estoy mudandome. —Esta bien. —Tanya —le habló a una señora de unos cuarenta años— sirvale jugó de papaya a la señorita con pan de mantequilla —asintió— lo llevas al comedor El camino por el otro lado y lo seguí hasta un comedor pequeño redondo, me senté y el lo hizo a un lado. Poco a poco empecé a sacar mis cosas, el catálogo y la tablet. —Dime precisosa ¿te gustaron los lirios? Los ame, lleve tres ramos a mi departamento. —No —sonreí— y no lo vuelvas a hacer.. No quiero que te hagas ilusiones. —Pero preciosa —hizo una cara triste— eres muy mala para mentir, te conozco bien Charlotte Evans —sonrió— amaste los lirios y apuesto que tienes un ramo en tu departamento. Joder, odiaba que me conociera tan bien. —Mejor dejame trabajar por favor.. Ahora hablemos que es lo que quieres y como lo quieres, que sea rápido porque tengo mucho que hacer. —Esta bien.. Empecemos entonces. Sabía que no me iba a dejar trabajar en paz, solo debo mantener la paciencia y ya, pensar en gatitos o en hombres musculosos llenos de tatuajes, así si podre concentrarme mejor. —Charlotte ¿te duele la cabeza? —¿Que? —Te duele la cabeza, tus ojos están rojos y medio cerrados.. —se levantó— iré por una pastilla para ti. Ni siquiera me dejó responder cuando salió del comedor, me hizo recordar cuando estaba enferma y no se despegaba de mi hasta que estuviera mejor, siempre me hacía sopa o cualquier cosa.. Pero sus mimos eran lo máximo. Sentí nostalgia por un momento, hay veces en lo que extraño tener a alguien a mi lado para que me cuide en mis malos momentos, como lo hacían ellos.
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