Pov Juliana Colin.
— Y este es el edificio en donde dan la carrera que estudiarás — Le dije a Lucía, llegando al gran edificio de ingeniería en donde dan Administración de Empresas, lo cual mi hermana pequeña también estudiaría.
— Suertuda — Pensé.
— Increíble, me encanta — Eso ha dicho desde el principio de todo el recorrido, estoy segura que ha visto mil cosas mucho más increíbles pero supongo que por la emoción de estar aquí así lo ve todo.
— Oye y ellos, ¿jamás se separan de ti? — Le pregunté refiriéndome a los guardaespaldas quienes jamás se habían separado de nosotras.
— No, siempre están conmigo, al menos en el día y la noche. En la madrugada me cuida otro grupo. —
Y lo dice así de tranquila.
— ¿Entonces vas a las pachangas con guardaespaldas? — Pregunté sorprendida.
Me miró y reconocí la confusión en su rostro. — ¿Disculpa? — me preguntó y volvió a mirar cada parte del pasillo por donde caminábamos.
— Ya sabes, las fiestas, discotecas.
— Oh, no, no salgo a fiestas.
En realidad me estaba matando la curiosidad de por qué la hija del presidente no salía a fiestas, con su vida, con tanto dinero y además intocable, fácilmente podría hacer lo que quisiera.
— Lo siento, sólo pensé que...
— Sí, lo sé; — me interrumpió y siguió — Pensaste que con todo el dinero que tengo, y además la inmunidad podría salir cuando quisiera y hacer lo que me plazca — río, suspiró y continuó — Pero no es así Juliana. En realidad tengo muchos deberes siendo la hija del presidente. — Se vió interrumpida por el tono de mi celular—
Llamada de: Mariana.
— Lo siento, es una llamada de una compañera.
— Tranquila, puedes contestar. No te detengas por mí — sonrió —
— No, seguramente es para avisarme que el profesor ya llegó pero tengo el permiso del director para faltar — le devolví la sonrisa —
— Siento mucho quitarte tu tiempo, señorita Colin.
— Puedes decirme Juliana, ya te lo había dicho.
— Lo sé pero aún no tengo ese tipo de confianza contigo, se me hace difícil. Y, ¿te pasa mucho?
La miré con confusión. — ¿Qué cosa? — Pregunté
— Ya sabes, los recorridos. Supongo que como eres la mejor en toda la Universidad, lo harás muy a menudo.
Reí — En realidad es el primer recorrido que le hago a alguien — Fui honesta.
Su ceño fruncido no tardó en aparecer y hacerme notar su confusión.
— Es mi primera vez como guía — reí aún más por la escena —
— ¿Me estás diciendo que nadie más en esta universidad ha tenido un guía?
— No, ninguno, ni yo.
— Dios, que vergüenza, me deben odiar— hizo una pausa— Tú me debes odiar, seguramente estabas perdida tu primer día de clases y yo aquí recibiendo asesoría.
— Yo no te odio, pero no podría decir eso por todos y cada una de las personas que están aquí —vi como agachó su mirada— Pero no te preocupes, no es sólo por un recorrido, algunos solamente odian a tu padre.
— Eso suena tanto a mí día a día, — sonrió— muchas personas en serio odian a los políticos.
— Y a su familia. — Agregué.
Ella no respondió, sólo alzó sus hombros en señal de indiferencia.
Debe estar muy acostumbrada a eso.
Vi a mi hermana sentada con sus amigos en una banca la cual estaba de espaldas a nosotras, lo que hacía que no nos notaran.
Quizá deba ser buena hermana y presentar a Lucía con Julieta.
— Vamos, te presentaré a mi hermana. También es nueva como tú y estudiarán lo mismo, quién sabe y terminan siendo buenas amigas.
Sonrió, pude notar la sinceridad y alegría en esa sonrisa —Genial, vamos.
Pov Julieta Colin.
—Y así pasé mis vacaciones, nenas — Terminó de contar Mario.
— Vaya, ojalá hubiese ido a una playa para mirar lindos chicos con abdominales — Reí antes las ocurrencias de Juana
Sentí la voz de Juliana llamándome. Se escuchaba algo lejos así que volteé junto con mis amigos.
Los tres nos quedamos en silencio y bastante sorprendidos, venía con Lucía a su lado y dos guardaespaldas en frente, y con otros dos detrás. Quizá era alguna especie de regla que la familia presidencial caminara en medio de cuatro hombres fornidos que asustaban hasta al más valiente.
— ¡Julieta! — Seguía gritando mi hermana en espera de una respuesta que jamás llegó a salir de mis labios.
Mirar a Lucía fuera de la televisión, las revistas y periódicos era muy surrealista para mí, y eso hacía que me congelara.
— Juli, no sé si ya lo notaste pero ahí viene Lucía — Susurró Juana.
Se acercaban. Se acercaban mucho, ya podía percibir el perfume de mi hermana junto a otra fragancia bastante agradable, fina y cara la cual probablemente venía de ella.
Oh no, que hago
¿Me muevo?
¿Me levanto y saludo?
¿Corro lejos?
¿Invento una excusa?
Era demasiado para mí, demasiado para mi cerebro procesar tantos pensamientos. Me levanté y di dos pasos a mi hermana y la chica que me tenía así.
— JULIETA — fue lo último que escuché antes de cerrar mis ojos y desmayarme.
Pov María José.
— Julieta — escuché un grito proveniente de Juliana mientras miraba a esa chica caer al piso, creo que esa era su hermana no estaba segura porque no llegó a presentármela.
Vi correr a Juliana en dirección a la chica que se acababa desmayar para posarse a su lado, bastó esa acción para que yo corriera tras ella hasta llegar a la chica y arrodillarme a su lado para tomar su pulso
— Sebastián llama al chofer y carga a la chica para llevarla a la enfermería —Me dirigí a mi guardaespaldas principal el cual no tardó en obedecer.
Sebastián tomó el pequeño radio con el que se comunicaba con su grupo, dijo un par de cosas y tomó a la castaña desmayada, comenzó a correr a la salida del edificio mientras Juliana y otros dos chicos venían atrás.
Por mí recién recorrido sabía que había una enfermería dentro de la universidad y que quedaba al otro lado de esta. Por lo que no llegarían rápido sólo caminando.
Cuando salimos del edificio la camioneta ya se encontraba allí.
Wow que eficientes.
Sebastián subió a la chica al asiento trasero, Juliana subió con ella y se le veía la preocupación en el rostro por lo que supuse que sí era su hermana.
Los otros chicos y yo subimos y pasamos al tercer asiento con el que la camioneta contaba. En realidad podrían caber más de diez personas si así lo quisiera, pero sólo éramos ocho con el chofer. Sebastián tomó el asiento del copiloto no sin antes decirle a los tres guardaespaldas que llamaran otra camioneta para que nos alcanzaran en la enfermería ya que no podía andar sólo con un guardaespaldas, les había dado la orden de no ir en la misma camioneta para no incomodar.
La camioneta iba con bastante velocidad a la enfermería, llegamos bastante rápido.
Nunca vi a Sebastián ser tan ágil hasta que bajó de la camioneta y luego fue por la chica desmayada.
Entramos a la enfermería y solo dejaron entrar a Juliana al pequeño cuarto donde atenderían a esa chica sólo porque se había identificado como la hermana.
Yo me quedé en la sala de espera con los dos chicos preocupados. Sebastián hablaba con los otros guardaespaldas que habían llegado.
Tomé asiento y los dos chicos se me acercaron bastante nerviosos.
Sebastián no tardó en aparecer, poniendo a esos chicos aún más nerviosos.
— Está bien Sebastián, no se ven malos chicos.
— Sólo vinimos a darle las gracias señorita, por la atención hacia nuestra amiga — Dijo la chica, Sebastián al escuchar eso se relajó y se alejó con una distancia prudente.
— No hay problema, — estiré mi mano — Soy Lucía, mucho gusto.
La chica río y estrechó mi mano, lo mismo el chico —Ya sabemos tu nombre, soy Juana y él Mario. — Los chicos tomaron asiento a mi lado pero no volvieron a hablarme.
Después de un rato Juliana salió y se dirigió a nosotros.
— Ella estará bien, el doctor dijo que fue un ataque de nervios — Se encogió de hombros — nunca le había pasado...
Lucía— me miró directamente— lamento que tu recorrido haya terminado así y gracias por ayudar a mi hermana — sonrió sin ganas — supongo que no fue una buena presentación.
— Fue una presentación bastante original, jamás me había presentado con personas desmayadas, ya puedo tachar eso de mi lista — Bromeé y todos rieron.