Pase por esa puerta gigante donde más de una vez me hicieron un papel arrugado las veces que quisieron, pero, esta vez no sería igual y no lo seria porque yo no lo quería. ¡Soy dueña de mi vida! — me repetí antes de entrar a ese sitio en cada paso que daba— es momento de pensar un poco en mí. Los guardias a mis costados me veían como si fuese una loca hablando sola conmigo misma. Podía ser que no me creían la heredera, o posiblemente empezaba a sentir algo así como esquizofrenia. Si Eva hubiese estado aquí los hubiese mandado a volar a ambos sin demasiado chiste… —¡Quítense estúpidos! —¿Qué, quien eres tú? — preguntaron ambos guardias que acabaron con un golpe en el estómago. La verdad si hubiesen hecho alguna falta de respeto hacia ella terminarían peor, es en cierto modo mucho mejor

