Los nervios me comían mucho más que a nadie en el mundo, pero seguía tratando de mantener mi calma aun cuando el corazón lo tuviese más en la garganta que en el pecho. Nadie en mi vida me había puesto así de inquieta y nerviosa, mis manos sudaban, no tenía ni la más remota idea de si mi cabello se veía sucio o limpio ya que anoche se me olvido darme una pequeña ducha, este difícil saber si hueles realmente bien o tienes un mono pegado en la cabeza. Mi cuerpo se movió lentamente hasta su mesa y sin saberlo quería volver de vuelta a mi oficina donde efectivamente eso fue lo que hice, darme media vuelta y retirarme a donde se encontraba mi tranquilidad. —Demasiados problemas como para afrontarlos ahora— me dije a mi misma sin rechistar— no es momento de pensar en amor. Eva me vio entrand

