El dolor me despertó, de nuevo. No pude contener el grito que salió de mí al tratar inconscientemente de incorporarme. De inmediato unas manos firmes me envolvieron y me susurraban que me calmara. Abrí los ojos, asustada, el sueño que había tenido no había terminado tan bien como en la realidad y aún sentía el miedo recorrerme. —Tranquila, Ariana, solo fue un sueño. Estás bien, estás conmigo. —Repetía eso último como un mantra que me calmaba. Estoy bien, estoy contigo. Pensé. Una enfermera entró y me puso una inyección. Ya no quería dormir, pero me tranquilizó diciendo que solo era para el dolor. Me ayudaron a levantar para llevarme a dar un baño. El rostro de Enrique se iluminó malicioso cuando le pregunté si también me ayudaría con eso, la enfermera nos miró divertida, pero cuando se

